Fotografía: Atardecer en Serengeti

Fotografía: Atardecer en el Parque Nacional del Serengeti, Tanzania; © Fco. Javier Oliva, 2014



ESPACIO

UN ESPACIO PARA CONTAR LO QUE ME DA LA GANA


lunes, 22 de mayo de 2017

Si no juego yo, no juega ni Dios

España es como el hijo díscolo, o hiperactivo, o cabezón, o peor aún, ese que no se queda tranquilo si no fastidia al resto de hermanos. Pero sobre todo, España (de Barcelona a Vigo, y de Bilbao a Cádiz, pasando por Madrid) es un país de egoístas. Tanto hablar de nuestra solidaridad y es falsa, muy falsa, solo de cara a la galería, al exterior. A los de dentro, a los compatriotas, ni agua.
Hoy me apetece cargar contra el PSOE, partido que ha demostrado no estar unido y caminar ya definitivamente hacia otra parte que no sigue la historia y la dignidad del PSOE de siempre. Y en concreto, hoy apetece mucho emprenderla contra el cretino de Pedro Sánchez, un desaprensivo de la misma calaña o peor que Pablo Iglesias y parte de su comparsa, gente que, digan lo que digan, no ha pensado, ni piensa ni pensará en el bien común (lo dicho, egoísta y poco solidario). Es gente de ideas extremas que únicamente aspiran a hacer lo que se les pasa por el forro de sus santos cojones para mayor gloria de ellos mismos. El resto les trae sin cuidado.
Pedro Sánchez, al igual que Podemos, entiende poco, muy poco de democracia. Son personas que si obtienen mayoría aplican el rodillo sin atender a lo que les diga su santa madre, y si pierden tratan de buscar solución a su propio fracaso sea como sea, a ser posible de forma rastrera. Pero cada uno en su casa puede hacer lo que le dé la gana que yo con eso no me meto. Lo que me enerva es que ahora apliquen eso de “si no juego yo, no juega ni Dios”.

Pedro Sánchez no hará oposición. Tratará de tirar abajo la lesgislatura. Su fin no es hacer ganar al PSOE, es echar al PP. Cada vez la gente entiende menos qué es la democracia. Creen que solo se trata de meter una papeleta en una urna.
Esa es la máxima de este político zafio e ignorante, con nulo sentido de Estado. Pedro Sánchez no sabe esperar turno. Es de los que se cuela en la fila de la carnicería porque lo suyo siempre es más importante y urgente, de los que siempre es “a la de tres” si no gana a las primeras de cambio. Es de los que te para un partido de fútbol porque va perdiendo y quieren empezar de nuevo. Y eso es lo que va a hacer a partir de ahora, romper el normal transcurso de la legislatura para provocar ruptura y nuevas elecciones, elecciones que volverá a perder y dejará otra vez al país paralizado. Pero si no juego yo no juega ni Dios.
Que haya ganado un tipo como pedro Sánchez dice bastante de los votantes del PSOE y, por extensión, de lo que hemos creado y estamos creando en este país: una cultura de la falta de respeto, de la ignorancia, de pensar solo en lo mío, de no ver más allá de nuestras narices, del “yo creía” y “yo pensaba” cuando nos ponen colorados por hacer las cosas mal…
La máxima de Pedro Sánchez es echar al PP del poder. Solo eso. No hay más. ¿Por qué? Porque son del PP. Es un discurso sectario que demuestra poca inteligencia porque utiliza los mismos criterios reduccionistas de dictadores, de racistas, clasistas…, esos que decían cosas como “hay que matar a los negros porque son negros”. No digo que el bobo piense así. Sólo que es igual de reduccionista, vaya, “que esto es así porque sí”. Y el peligro no queda ahí, que ya sabemos que, de toda la vida, la izquierda de este país se ha llevado a tortas. Así que, por favor, que nadie piense que la colaboración PSOE /PODEMOS para echar al PP porque es el PP, de producirse, nos vaya a llevar a buen puerto, porque a las primeras de cambios salen a bofetadas.

En fin, que cuando justo comenzaba el país a levantar un poquito la cabeza volvemos a tropezar, y otra vez sobre la misma piedra. No aprenderemos en la puta vida. Ojalá me equivoque, pero ya les digo yo que no.

jueves, 4 de mayo de 2017

Pobres ignorantes

     Los humanos somos así, inevitablemente así, animales con una cierta capacidad de raciocinio, la justa para elegir la comida y, en los casos más aislados y extremos, poder leer, escuchar, aprender, comprender, incluso decidir.
A medida que un ser humano crece se incrementa su poder de manipulación sobre el resto de sus congéneres más jóvenes. Es simple cuestión de experiencia. Una madre puede fácilmente conducir a su hijo, pero a medida que éste vaya creciendo lo tendrá más difícil. Todos de pequeños hemos creído en hadas, ratones coleccionistas de dientes, reyes magos, gordos vestidos de rojo… ¿Qué pensaríamos de alguien adulto que creyera a los 30 años aún esas cosas? Es la ignorancia del pequeño lo que le expone a los designios de su madre y que, en la inmensa mayoría de los casos, siempre querrá su bien.
En política ocurre más o menos lo mismo, con una diferencia sustancial: cuanto más ignorantes seamos más facilidad tendrán aquellos que quieran tomarnos el pelo descaradamente sin que nos demos cuenta, prometiéndonos regalos de Papá Noel y vidas como la del Ratón Pérez o las hadas en el nuevo país de Nunca Jamás. Y nosotros, pobres ignorantes, nos lo creeremos.
Para iniciar este tipo de manipulación es necesario comenzar por atacar las raíces para que la planta de la sabiduría no crezca, es decir, por la educación. Y en España sabemos mucho de esto, de reformar, tronchar, segar y remodelar leyes de educación que obedecen en el 100% de los casos a ideales trasnochados (los del PP y del PSOE) y no dejan cabida a sistemas más prácticos, eficientes y sin ligaduras políticas. Repito, que lo mismo no ha quedado claro: sin ligaduras políticas. Obedecer a criterios de hace un siglo o fanatismos políticos nos convierte en seres poco formados, ignorantes, sin capacidad de contraste, sin posibilidad de crítica fundamentada, sin poder de decisión, es decir, manipulables, muy manipulables.

Vamos a ciegas confiados en que tenemos lo mejor, pero únicamente vamos a obtener lo que nos merecemos. Así que después no se admitirán quejas.
 Cuanto más intelectualmente pobre es un país más fácil es llevárselo al huerto hasta que comprende que es demasiado tarde. Luego viene el llanto y crujir de dientes, los golpes de pecho, rasgado de vestiduras, las revueltas callejeras… Ejemplos en el pasado nos sobran y en el presente también. El problema de este país es que podemos volver a caer en errores ya cometido. De hecho, ya estamos cayendo cuando hay ciertos programas de televisión, denigrantes para el ser humano, que se llevan 3 millones de telespectadores, o partidos políticos salvadores, oportunistas y cuyos fundamentos son ocurrencias que toman sobre la marcha pero que, lo admito, cuajan en la población porque quienes cocinan la estrategia son tipos que sí se han formado, sí se han educado, y son maestros en la manipulación de ignorantes, y aquí en España eso es un campo abonado, es decir, que volvemos a lo mismo, al manipulador cultivado sobre el pobrecito que no pudo hacerlo porque le teledirigieron.
Una Ley de Educación consensuada por todos los partidos políticos con representación parlamentaria (sí, todos) es fundamental, necesaria y urgente, aunque quizá ya sea demasiado tarde porque, lo que sembremos este 2017 no verá sus frutos hasta dentro de 10 años, y durante ese tiempo nos ha podido terminar de comer la oreja cualquier zorro cantamañanas, vamos, que nos la lía parda.
Es una pena que ya no confíe en este país ni en sus gentes. Así que me voy preparando para la que se avecina si no andamos listos (y no lo vamos a estar). Así que, al tiempo que me preparo psicológicamente, igual también preparo el macuto y la mudanza.


martes, 11 de abril de 2017

La clasificación definitiva de los usuarios de FB

Soy usuario moderado de redes sociales, tan moderado que únicamente tengo Facebook y Twitter. En la primera publico poco y trato de que sus contenidos tengan que ver con mi profesión de escritor, y poco con otros asuntos, entre ellos los personales. En Twitter, la verdad, apenas publico nada, quizá porque todavía no sé sacarle buen partido.
Con respecto a Facebook, mis consultas y publicaciones me hacen pensar que esta red (supongo que como todas) no es otra cosa que una vía de escape a nuestras paranoias. También es un refugio para psicópatas, obsesivos-compulsivos, solitarios, ególatras, tímidos e inadaptados sociales, o de aquellos que están demasiado adaptados, es decir, de la inmensa mayoría de nosotros, porque todos tenemos un poco de paranoicos, psicópatas, obsesivos y ególatras. Todos necesitamos en algún momento (o en todos) hacernos oír y poder decir esas cosas que, o bien no nos atreveríamos a proclamar en público, o bien, aunque las hiciéramos, no nos haría nadie ni caso.

Las redes nos descubren nuestras manías, nuestros puntos débiles, nuestras obsesiones. No solo lo hacemos de forma voluntaria sino inconsciente.
He hecho un estudio basado en la observación de los mensajes que me proporcionan los más de 600 contactos que tengo en esa red. Es un estudio apócrifo sin ningún carácter científico, sin pies ni cabeza, un estudio intuitivo que no sirve para nada, algo que no he escrito, pero que me ha valido para (por ejemplo) clasificar de forma muy simplista a los que publican en una serie de grupos:
1. Los que no tienen hijos pero sí muchos paisajes. Su vida son fotos de catálogo de vacaciones con o sin él/ella incluido en la imagen. Son felices en las fotos y seguramente fuera de ellas. Los hay que publican para compartir su alegría, y los que lo hacen fundamentalmente por joder y, sobre todo, para que alguien en el mundo sepa que están vivos porque nadie les hace ni puto caso.
2. Los que no tienen hijos pero sí mascotas. Su vida es una mascota (o varias). Perro en mil posiciones. Gatos en otras mil. Hurones simpáticos. Pájaros, ranas, reptiles, caballos… Su vida es aquel bicho al que le dan todo su amor y toda su atención. Y el resto de sus contactos están obligados a reverenciar al animalito en cuestión, que por supuesto es el mejor y más adorable del mundo.
3. Los que tienen hijos. La vida es solo hijos (y suele ser uno curiosamente; quizá el primero de dos o tres; seguramente el único). Esta opción puede estar peligrosamente combinada con la nº 2, de la cual nacen imágenes de niño/perro, niño/gato, niño/niña, niña/niño, niño/tarta/globo… Pero siempre niño, del derecho del revés, también el más rico, adorable, guapo e inteligente del mundo.
4. Los que tienen heridas en el alma, o el alma hecha un lío, o no saben si tienen alma, o no la tienen pero creen que sí… La vida son freses célebres, manidas, a granel, aforismos, consejos, advertencias, obviedades, verdades como templos o mentiras como catedrales, textos atribuidos a personas desconocidas o falsamente a otras conocidas. Toman como dogmas de fe cualquier sentencia lapidaria que han encontrado en la red sin contrastarla. Muchas veces huyen de aquellas que llevan vigentes miles de años (Jesucristo, Buda, Mahoma, Platón, Santo Tomás, ¡coño!, a cualquier filósofo, pensador, escritor, estadista o similar que tenía dos dedos de frente). El truco es que suene bien. Y esta ristra de frases hacen su vida y generalmente, tratan de que la tuya entre por el aro a base de recordarte lo simple, bobo y perdido que eres.
5. Los que confían en un único ser divino. La vida es solo Dios. Y aquí meto a todos los dioses, en singular monoteísmo o en plural politeísmo, con cara o sin forma definida, eso que llaman energía a secas. Están íntimamente  relacionados con los anteriores del nº 4, pero en este caso suelen ser más cristianos que otra cosa. Cuando publican está Dios por algún lado, sea recién nacido, crucificado, vivo, muerto, orante o predicador… Todo y todos en nombre Dios.
6. Los que solo atienen a sus necesidades físicas o fisiológicas. La vida solo es correr, saltar, comer, cagar y (si no fueran mentirosos) follar. Al igual que les pasa a los del nº1, publican para que alguien en el mundo sepa que están vivos porque quizá seguramente saben en su fuero interno que nadie les hace ni puto caso.
7. Los aficionados. La vida es solo su afición. Aquí hay pintores, escritores, fotógrafos, cocineros, músicos, poetas, lingüistas, alfareros, repujadores, cinceladores… Vaya, de todo. Promocionan lo suyo pero también lo ajeno. Generalmente suelen escoger bien sus aportaciones pero, de tanto repetirse, resultan cansadas. Eso sí, no se te olvidará nunca que fulanito (por ejemplo) toca el saxofón.
8. Los fanáticos. Son como los aficionados pero llevados peligrosamente al extremo. La vida es su afición, curiosamente una afición que solo les ocupa a ellos y te la tragas te guste o no te guste. Masifican y pierden todo su encanto. Esto llevado a cualquiera de los otros grupos resulta letal. Dan ganas de desprenderse de ellos.
9. Los profesionales. La vida es su profesión. De ellas comen o malviven pero aun así la promocionan como buenamente pueden, con más o menos verdades o mentiras. Utilizan la red como instrumento y medio de llegar a los demás. Se distinguen del nº 7 y nº 8 en que lo hacen de forma sopesada, medida, esto es, profesional. Son tan apasionados como los del nº 7 pero muchísimo menos cargantes que los del nº 8. En el término medio está el camino hacia el éxito.
10. Los gilipollas (sin acritud y sin ofender). La vida es su vida y tú tienes la obligación de conocerla a todas horas. Son esos cachondos que cada 5 minutos te dicen lo que les pasa (generalmente nada) con frases e imágenes tan trascendentales como “buenos días”, “buenas noches”, “feliz martes”, “tengo hambre”, “tengo frío”, “voy a cagar”, “mi café de por la mañana”, “me voy a la compra”, “me duele la tripa”, “mi mujer me la está pegando con otro…”, “mi padre murió ayer...”. Al igual que les pasa a los del  grupo nº 1 y nº 6, rellenan espacio en su muro para que alguien en el mundo sepa que están vivos porque, lo dicho, seguramente nadie les hace ni puto caso aunque en muchas ocasiones estén rodeados de gente.
Todos tenemos algo de los 10 grupos aunque seguramente también nos encuadramos más en uno de ellos. Si esa cerrazón por uno de los grupos nos ocupa más del 75% de nuestras publicaciones, por lo menos ante mí, date por clasificado. Sin acritud, sin menosprecio, sin mofa, con toda la compresión del mundo, pero clasificado.
Y hasta aquí esta categorización que no sirve para nada pero hace pasar el rato y, seguramente, te habrá dado qué pensar, aunque sea para ponerme a parir y ya de paso clasificarme.


lunes, 10 de abril de 2017

¿No a la guerra?

Desde hace unos días no veo otra cosa por redes sociales y medios de comunicación que improperios, insultos y advertencias contra Donald Trump por su ataque a una base militar siria. Repito y subrayo: base militar. Es curioso que los mismos que condenan el ataque americano no hayan soltado prenda por la causa que lo provocó. Aquí todo el mundo se mete con el narcisista Trump pero no veo una palabra en contra de la joya dictatorial siria. Hay que recordar que ese tipo de ha llevado por delante a casi un centenar de civiles provocándoles una muerte horrible. Repito y subrayo: centenar de civiles. Pero de eso, ni mú.
Tampoco veo por ningún lado a todos aquellos que hace poco gritaban “no a la guerra” en este país, rasgándose las vestiduras en público, encabezando manifestaciones, acusando sin reparos. Ahora parece ser que les importa un webo. Quizá lo que estaban gritando era “que España no entre en guerra, pero a mí la guerra en general, si es fuera de aquí, me trae sin cuidado”, porque ya digo que no se les ve ni se les oye por ninguna parte. Triste, pero era de esperar.
No estoy descubriendo nada nuevo, sino constatando que el mundo no ha cambiado ni un ápice desde hace milenios, que el Hombre continúa siendo un hipócrita cuando se trata de defender intereses propios o aprovecharse de una situación, que es capaz de decir “no a la guerra” y darle caña a Trump y, a la vez, guardar un sepulcral silencio sobre un hecho bélico y cobarde como es rociar de cloro a civiles que nada tienen que ver con todo esto.

Lobos con piel de cordero: típico de los humanos. Donde dije digo (que era bueno para mí), ahora digo Diego (que es bueno para mí, y malo para ti, ¡"pringao"!)
Es posible cambiar de equipo de fútbol, de partido político, de género e incluso de nacionalidad, pero no se puede cambiar de raza. Porque esto de pertenecer a los Humanos está muy bien si no tienes demasiados escrúpulos, ni principios, ni reglas, ni nada. Ayer visitando Faunia  con mi hija me preguntaba si realmente era afortunado por ser un bicho que camina a dos patas y tiene un cerebro que piensa y tiene sentimientos, o realmente los que tenían suerte eran el resto de animales aparte del Hombre, que siempre juegan con las reglas que su especie les da, unas reglas preeestablecidas para saber a qué atenerse y que ningún individuo cambia. No sé si la vida para ellos es más fácil, pero sí más justa hasta que se topan con el Hombre. Entonces, como el propio Hombre, la han cagado.

Está claro que es mucho más entretenido ser hombre que mono o vaca, no te digo ya que cocodrilo o serpiente. Se puede ser hasta feliz. Pero para ello hay que asumir ciertas cualidades que tienen los humanos, seres traicioneros, ruines, egoístas, mezquinos, mentirosos, opacos, asesinos, y que solo mueven el culo y son capaces de cualquier cosa cuando van en pos de sus propios intereses y de su propia supervivencia, supervivencia que a la postre, de no usar adecuadamente la inteligencia para conseguirla, terminará por extinguirle. Ya sé que no es un artículo muy optimista. Solo pretendo ilustrar que todos somos capaces de cambiar de bando cuando los intereses aprietan. Todos.


martes, 4 de abril de 2017

Recuperar Gibraltar

Hace exactamente 26 años que visité por primera y única vez el Peñón de Gibraltar. También la llaman la roca. A mí me gustaría bautizarla como El Mojón. Es más español, aunque realmente, después de haber visto lo que allí vi, por lo que a mí respecta se lo pueden ir quedando. En Gibraltar no hay nada que merezca la pena contar, conservar o de la cual sentirse orgulloso, algo por lo que discutir con un británico. Que El Mojón de Gibraltar sea una colonia británica, aparte de decimonónico, no tiene por qué resultarnos más que el trastorno de tener un vecino molesto. Y la verdad es que a eso, a ser vecinos molestos, les ganamos a casi todos en el mundo (menos a los chinos). Yo no conozco nada más cargante que un andaluz dispuesto a tocarle los webos a su vecino.
El Mojón no deja de ser una parcelita de mierda entre Europa y África. La importancia geoestratégica del lugar es innegable aun estando en pleno siglo XXI. Supongo que un buen satélite resuelve muchas de esas necesidades. El resto, con una Armada del copón de la vela como la británica, está solucionado. Tampoco España se tiene que sentir en inferioridad de condiciones. Estando a un kilómetro (exactamente a dos) al oeste de Gibraltar, el tema geoestratégico no debería tener mucha importancia. Otro tema es tener a un “borracho bebepintas” como vecino en un paso tan importante como es el Estrecho para poder ejercitar en la zona su prepotente, obsceno y macarra “ordeno y mando”. Eso resulta incómodo e, incluso, peligroso. No hay nada que hacer cuando discutes con quien se cree el pueblo elegido de Dios con los habitantes más inteligentes de la galaxia.

Gibraltar no deja de ser un trozo de tierra donde el Reino Unido ha instalado un parque temático de corrupción. Y a nosotros los españoles nos encanta eso. Así que menos quejarse, que casi que nos conviene que siga en sus manos. En las nuestras lo echaríamos a perder.
Tocar las narices a los británicos no es buena idea. Si lo hacemos (como poder, podemos hacerlo), nos arriesgamos a que el número de turistas colorados como gambas y cocidos como langostinos descienda en picado (y son muchos millones de hooligans los que vienen aquí todos los años). A la vez que estos comedores de fish & chips se desvían a Croacia (por ejemplo), pagarían alguna que otra represalia los 300.000 españolitos que curran en U.K. Total: que si ellos no vienen y encima nos devuelven a los compatriotas que se han ido, hacemos un buen pan. Asumamos de una vez que, como somos un país mediocre -muy mediocre-, tendremos que tragar con lo que pase (que será sin duda alguna contrario a nuestros intereses). Tengo por seguro que nos volverán a humillar como llevan haciéndolo casi 300 años, y encima tendremos que dar las gracias.
Pero que nadie pierda el sueño con Gibraltar, porque eso va a seguir así por lo siglos de los siglos. No merece la pena. Únicamente nos queda seguir usando nuestra arma secreta: utilizar la gama de insultos del castellano -la más amplia e imaginativa del mundo- para ciscarnos en ellos, su historia, su imperio y su reina, aprovechando que un inglés jamás aprenderá español así lleve aquí 40 años veraneando en la Costa del Sol.

Mi madre (y mi abuela) decía que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Pues eso es lo que nos queda. Poco más. 



martes, 28 de marzo de 2017

España es muy insolidaria

En España, nos vanagloriamos dentro (y nos felicitan fuera) de ser un país tremendamente solidario con todo aquel que necesita nuestra ayuda. Y no es cierto. Ni mucho menos. Lo que ocurre es que nos encanta hacerlo de cara a la galería. Somos como esos adolescentes que van a casa de los amigos y allí se ocupan de poner y quitar la mesa, hacer la cama si se han quedado a dormir, ayudar a colocar la compra en la despensa si coincide que la madre del amigo llega con ella a la cocina, a fregar, a barrer…, a lo que sea con tal de quedar bien, pero luego en su propia casa no hace ni el webo. Sé por mis tías que mi padre lo hacía en casa de sus amigos, que yo lo hacía en casa de los míos, y mucho me temo que mis hijas lo estarán haciendo en las de las suyas. Debe ir con el ADN de los españoles, aunque también aviso que cada vez menos, mucho menos.
Toda esta comedia de solidarios insolidarios me viene a la cabeza a raíz del conflicto surgido en ese reino de Taifas donde los estibadores de los puertos campan a sus anchas. Al igual que hicieron en su día los controladores aéreos, estas personas se aprovechan de una labor fundamental en la economía del país para hacer de su capa un sallo y de su cuenta corriente una mina de oro. Manejar una simple grúa y jugar al tetris les supones, al que menos, 60.000 € al año, siempre y cuando sea cuñado de otro estibador y entre por enchufe, con un periodo de prueba de 6 meses y a partir de ahí curro de por vida. Como los controladores, crean su club privado y ahí no entra ni dios, ni para trabajar, organizar, consensuar… Ni dios, digo.

Prohibida la entrada a cualquier persona ajena a la familia, los amigos o los enchufes. Imprescindible falta de decoro e insolidaridad palpitante. 

Hasta que a Bruselas se le ha llenado el gorro de sopas y se ha plantado. Y los estibadores, como en su día los controladores, te montan el pollo porque su privilegios (que son insultantes para el resto de la población) están en entredicho. Digo insultantes pero también se me ocurre vejatorios, humillantes o despectivos. Que un operario gane más que un médico (por ejemplo) o que, ¡joder!, que triplique el sueldo medio de este país, es para pararnos todos a reflexionar (porque ellos no lo van a hacer). De todas formas, estamos en el mercado de la oferta y la demanda, y si alguien paga tamaña cantidad porque le manejen una grúa, pues sea. Yo ya no me refiero al sueldo, sino al hermetismo de este colectivo insolidario a que cualquiera pueda conseguir un puesto como estibador. Coto privado, señor mío.
Y aquí es donde apelo a la insolidaridad de este país. Y no lo digo tan solo por los estibadores, que son capaces de parar un país para defender el seguir viviendo como reyes (como los controladores), sino que cualquiera de nosotros, cualquiera, seríamos idénticamente indecorosos, egoístas, rastreros y deleznables si alguien tratara de quitarnos un privilegio, cualquiera, por pequeño que sea. Somos muy solidarios con los de fuera, negritos, asiáticos, moritos, refugiados…, pero somos tremendamente insolidarios con nuestro país, capaces de enrocarnos en privilegios injustos mientras aquí hay cuatro millones y pico de personas que las están pasando putas.
Que digo yo que, si hay para repartir un poco, que se reparta, que es una forma de abrir las puertas de ese guetto de lujo y acomodar el sueldo a la realidad para crear alguna que otra docena (o docenas) de puestos de trabajo, y no solo con controladores y estibadores, sino con otros muchos cotos privados donde los asociados se enroscan como serpientes y muerden para defender su insolidaridad del resto del país. Eso sí, hay que acoger aquí a todo dios si viene de fuera… pero con el dinero y el esfuerzo de otros. Que a mí no me lo toquen. Manda webos.


lunes, 13 de marzo de 2017

El aburrimiento de Unidos Podemos

Cuando el diablo se aburre, con el rabo mata moscas. Eso es lo que le pasa a Unidos Podemos, que cuando no tienen la atención que reclaman de la opinión pública, se inventa lo que sea para hacerse notar. Lo último ha sido presentar una proposición no de Ley en el Congreso de los Diputados en la que exigen que se erradique cualquier manifestación católica del ámbito público, incluida la misa de los domingos que TVE emite. No tengo acceso al texto de la proposición de ley pero me llama la atención el término “católica”. Me hubiera parecido bien, coherente y sujeta casi a Derecho que hubieran pedido el cese de emisiones de cualquier manifestación religiosa. Incluso la hubiera apoyado. Pero si han puesto explícitamente “católica”, son ganas de sembrar cizaña donde no la había.
Quizá Unidos Podemos ignoran que TVE también emite programas de otras confesiones religiosas, entre otras, me consta la judía y la musulmana. ¿Por qué no piden que tampoco se emitan estos programas? Cierto es que no se dan por televisión las ceremonias de estas dos religiones y de la misa sí se hace, pero creo que es buscarle cinco pies al gato, darle vueltas a las cosas por el simple placer de enfrentar a la gente. Tamara Falcó ha salido en defensa de la misa y le ha caído la del pulpo por ejercer su libertad de expresión. Es lo que le ocurre a los extremos, sean de derechas o izquierdas, rojos o azules, que defienden la libertad de expresión siempre y cuando no vaya contra sus cánones, sus credos, sus formas de vida o, lo peor, contra su programa político.

Me da a mí que los cristianitos españoles no van a conseguir nada hasta que sean una minoría perseguida. Entonces, como cualquier otra minoría, gozarán de los favores de estos partidos. O a lo peor, ni por esas.
Estamos en un país en el cada uno cree en lo que le da la gana. Algunos no creen en nada, y algunos respetamos en lo que crea cada uno. Pero estos tipos que siempre se erigen en paradigma de respeto, de demócratas y de mentes preclaras (repito, cualquier extremo, aunque esta vez le haya tocado a la izquierda), son capaces de prohibir el catolicismo y continuar permitiendo que se emitan programas sobre la religión judía o musulmana. Pues en una democracia, en este sentido, funciona el café para todos, es decir, que tienen presencia todas las religiones o no la tiene ninguna. ¿O es que los señores de Unidos Podemos tienen los webos suficientes como para declarar públicamente que no quieren al Islam en la TVE pública? Pues no, ya le digo yo que no los hay. Tampoco hay cerebro para respetar la cultura y las costumbres de un país. Eso sí, en manipulación sobre masas hay que darles un sobresaliente, que para eso son unos verdaderos hachas.

Señores de Unidos Podemos: si se aburren y además ven que no terminan de pegar un subidón en votos como para poder gobernar, invéntense cosas más inteligentes, que no perjudiquen a nadie y, sobre todo, que no enfrenten a la gente, que son ganas de sembrar discordia en asuntos donde, hasta hoy, no la había.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Compromiso frente a huevos.


Y yo que quería al menos aportar un par de artículos al mes en este blog, y ya he pinchado en febrero. Pronto comienzo a fallar en mis propósitos. Así que, para no cejar en mi empeño, me propongo hacer tres a lo largo de marzo y así recuperar mi media de dos al mes, veinticuatro al año. Espero conseguirlo.
Y no será por temas para comentar, que últimamente la actualidad nos oferta juicios por casos de corrupción para todos los gustos y colores. Hablar de comisiones empieza a ser burdo. Pero derivado hay cosas más jugosas como, por ejemplo, apreciar la manera en la se les empiezan a ver las costuras a algunos políticos, sobre todo a aquellos que están relacionados con ciertos pactos de investidura que, desde mi punto de vista, no van a durar demasiado. Aquí vamos a comprobar, por un lado, si Rajoy iba en serio o fue un brindis al sol (apuesto por lo segundo), y por otro lado si Ciudadanos, como ha alardeado siempre, tiene la parte genital bien grande y acomodada en su sitio para denunciar el acuerdo y romper con todo tipo de apoyos, o hace mutis por el foro, se inventa una excusa relativamente válida y, hablando de acomodar, se va acomodando en las sillas del poder (igualmente, también me inclino por lo segundo).
En definitiva, hagan lo que hagan, quien se está jugando el futuro de su partido es Albert Rivera. Si el PP no hace dimitir al presidente de Murcia y Ciudadanos no rompe el pacto, el catalán va a perder votos a mansalva. La gente que confió en su partido lo hizo porque quería nuevas ideas y más compromiso. Si a la primera de cambio se deja seducir o acomplejar, mal van. Por el contrario, al PP le beneficiaría que no se rompiera el pacto, primero para seguir gobernando sin sobresaltos, y después para demostrar que es un partido fuerte que puede con todo.

Dicen que las palabras se las lleva el viento. En España las escribes y se las llevan por delante los hombres.

Sea como fuere, aquí los que realmente están perdiendo protagonismo en este momento son PSOE y Podemos. El primero porque, hasta que no se pongan de acuerdo y se unan como una sola idea, no dejarán de dar el espectáculo por el lado que no deben. Y los otros porque nadie cuenta con ellos, no les invitan a nada y les obvian cada vez que pueden. Además, una vez resuelta la papeleta de las dos corrientes, Pablo Iglesias no cesa de darnos clases de democracia, esa idea que únicamente pervive en él, emana de él, la esencia está solo en él, vamos, que los antiguos griegos a su lado no tenían ni puta idea de lo que era la democracia (imagínese el lector el resto de los mortales). Este profesor universitario, que devalúa sin duda al colectivo, da clases de democracia a todo el universo interestelar de la galaxia excepto cuando toca aplicarla en su partido. Entonces él ostenta todo el poder, y se lo otorgará a las masas cuando le salga del bolo. Si repasamos la Historia, personajes “peculiares” como este botarate han pasado a los libros no precisamente como ejemplo de cosas admirables.

En fin, que espero que marzo nos vaya dando un poco de cuartelillo con otros temas más interesantes de los que opinar. Me queda pendiente Trump, pero me tiene tan despistado que, de verdad, no sé todavía por dónde meterle mano. Aunque no desespero. Llegará el día.


martes, 14 de febrero de 2017

San Valentín, ese chivato acusador

Y llegó el día más pasteloso de todos los del calendario: san Valentín, una festividad comparable a la Navidad porque es el día en el que se celebra el amor (conyugal o universal) para respetarlo durante 24 horas. De esa manera  los demás días del año no tenemos que celebrarlo, ni siquiera practicarlo.
De san Valentín (el santo) se sabe más bien poco. Por lo visto fue un hombre al que decapitaron en el siglo III. Poco (o nada) ha llegado a nuestros días que se pueda dar como cierto. Se dice de él que lo ejecutaron porque casaba a los soldados del Imperio en secreto cuando estos tenían prohibido el matrimonio. No, lector, no los casaba entre ellos, sino con sus respectivas enamoradas (lo explico porque a mí me ha costado un poco coger el sentido de la frase cuando la he leído). En definitiva, san Valentín era una especie de caramelo envenenado porque hacía triunfar el amor por su santo designio, ignorando que después al contrayente le podía caer la del pulpo y, de hecho, él mismo perdió la cabeza por su obsesión. Eso sí, le hicieron santo. No sé por qué y prefiero no pensarlo.
Lo que queda claro es que es un día tremendamente injusto, delator, separatista, acusica, humillador, lo mismo que ocurre con el día del padre, el día de la madre o, por ejemplo, el día de la mujer trabajadora. La gente hoy se felicita (exclusivamente entre enamorados) y a los demás que les den morcilla. El día del padre sólo lo celebran los padres; el de la madre las madres; y el de san Valentín tienes que celebrarlo por cojones porque si no te estás acusando a ti mismo de ser un solitario amargado al que no quiere nadie. Es un día injusto, muy injusto. Como si enamorarse o tener pareja fuera obligatorio, por cojones. Porque en caso contrario, tu condición de buena persona, aceptada por la sociedad en la que los buenos valores se te presuponen, queda en entredicho. En este país, ser soltero o, simplemente, no tener pareja, es casi sinónimo de egoísta, aprovechado, tipo que vive a su aire sin importarle un carajo los demás, poco escrupuloso y contrario al compromiso. O de feo, si, también puede ser sinónimo de desagradable a la vista. O de bicho raro. Da igual si eres soltero por obligación o por devoción. Eres un hueco oscuro de dudosa intención en una dentadura perfecta.

Deberían quitar este día del calendario. La Iglesia lo hizo en 1969 pero quizá por lo que representa el santo y el año en el que se intentó que lo olvidáramos, se sigue celebrando.

Jamás de los jamases he celebrado el día de san Valentín estando solo o en pareja (lo de estando solo es un cruel eufemismo). Porque el día de los enamorados, como reza la manida lógica, deberían serlo todos. Lo mismo pasa con la Navidad, que debería celebrarse a diario. Lo que ocurre es que no podemos renegar ni evitar nuestra condición de seres humanos. Nos cansamos, nos olvidamos, renegamos e, incluso, odiamos. Y al final no volvemos a creer en san Valentín o en la Navidad hasta el año siguiente. Vaya, que esto no tiene por dónde cogerse.

Así que, respetando la libertad de cada uno, yo voy a continuar por quincuagésimo primer año consecutivo obviando a san Valentín, su celebración y a su pastelera madre en el trampolín de la muerte, ya sea estando solo o emparejado, situación cuya posibilidad de repetición es muy remota, hasta el extremo.



viernes, 27 de enero de 2017

Conjeturas 2017: ¡Reto aceptado!

No quiero dejar pasar febrero sin haber escrito antes algo en este blog, que lo tengo abandonado. Y no quiero excusarme con que no tengo tiempo, que el lanzamiento de mi última novela publicada me tiene secuestrado por lo bien que va, o que la escritura de una nueva retiene mi capacidad de inventiva y comunicación. Lo que me pasa es que, aunque están ocurriendo muchas cosas a mi alrededor, en mi casa, en mi barrio, en mi pueblo, en mi trabajo, en España, en Europa o en el mundo, me doy cuenta de que todo es cíclico, que aquellas cosas de las que me quejaba en este mismo blog hace seis años, se están repitiendo, sobre todo a lo que a política o aspectos sociales se refiere. Por ejemplo, ¡qué voy a decir de Trump que no haya dicho ya de Aznar, Zapatero o Hugo Chávez! Lo aplicable al nuevo presidente de Estados Unidos es una selección de lo peor de los tres anteriores.
Hacer conjeturas sobre qué ocurrirá en 2017 es absurdo, lo mismo que hacerlo al comienzo de cualquier año. Por muchas suposiciones, estudios o derivadas que se practiquen, nunca se acertará porque todo es imprevisible. El Reino Unido realizará su Brexit, EEUU construirá un muro, el paro bajará en España, se le meterá mano de una vez a la guerra de Siria… Imaginemos que todo se produce y pensemos en las consecuencias: el euro se desploma y desaparece (como leí que augura un gurú yankee); el muro solo sirve para gastar cemento porque los mejicanos siguen pasando a paladas y Trump se cabrea por hacer el ridículo y corta relaciones con su vecino; en España baja el paro pero no es suficiente porque los cotizantes bajan, se le mete mano a la guerra de Siria pero eso supone que USA y Rusia se mosquean entre ellos porque cada uno quiere hacerlo de una forma distinta… Total, que en diciembre tenemos montado un Belén en el planeta más complicado que en el que estamos ahora inmersos. Espero que sea mucho mejor de lo que lo pinto, pero mejor no pensarlo, ni para bien ni para mal. Además, no podemos influir en ninguna de estos casos.
En lo que sí podemos jugar a ser adivinos es en nuestra propia vida, aunque siempre dentro de un orden y aplicando un factor de incertidumbre relativamente alto, además de ponernos pocas pretensiones y, sobre todo, accesibles y con posibilidad (y ganas, muchas ganas) de cumplirlas. No me sirven deportes, aprendizaje de idiomas o dietas si no creemos firmemente en ellos. Los gimnasios, las academias y las clínicas se abarrotan en enero y se vacían antes de que llegue febrero. Pongámonos entonces retos que podamos conseguir y que nos cueste un esfuerzo aceptable y medible. Yo, por ejemplo, entre otros pequeños objetivos, me he propuesto escribir en este Blog al menos dos veces al mes, y este enero lo he conseguido (aunque este artículo no sirva de mucho). El año que viene, si consigo el desafío de este, intentaré publicar una vez por semana como hacía antes.

Barney era un tipo excepcional, increíble, porque no solo aceptaba retos imposible sino que era capaz de realizarlos. Pero recordemos, lo que veíamos a través de la pantalla era una serie de ficción (y en el caso de Barney, casi de ciencia-ficción).

Mucho ánimo para todos. Se puede conseguir, pero tan importante es creer en nuestras posibilidades como ser realistas de quiénes somos, dónde estamos y hasta donde podemos llegar.

Nos leemos en febrero. Y gracias por seguir ahí.



lunes, 2 de enero de 2017

Dos docenas de sinceridad

Las felicitaciones de los últimos diez días del año, así como durante los 2 primeros del siguiente, deberían estar reguladas por ley, exactamente igual que el Ayuntamiento de Madrid hace con el tráfico cuando se excede de ciertos niveles de polución. Si el número de felicitaciones tóxicas supera una cifra, el correo electrónico, las redes sociales y el móvil tendrían que bloquearse para impedir la entrada de más mierda.
Porque, seamos claros de una vez, el 100% de las felicitaciones prefabricadas que corren hoy por ahí son insultantes de puro prefabricadas, pastelonas, poco ingeniosas y falsas. Yo no sé en qué piensa la gente cuando cuelga vídeos llenos de paz, amor y buenos deseos en las redes o, ya en el colmo, enviártelos por mail o al móvil. ¿Por qué no los lanza también en junio? Bueno, y esa es otra, que los hay que los cuelgan durante todo el año y con cualquier excusa, pero de esos me ocuparé en otro artículo.
Y es que, en lo que se refiere a estas christmas de tres al cuarto, los tengo de todos los colores, con niño Jesús, Reyes Magos, con Belén, pastorcillos y ovejas, camellos, mula y buey. Y estas aún tienen un mínimo pase. Porque también me llegan felicitaciones ateas, que manda webos ya tamaña incongruencia. “En estas fechas señaladas…”; si eres ateo, la fecha señalada puede ser cualquier otra. Lo que ocurre es que somos animales de costumbres (muy animales) y, por no enfrentarnos a la realidad, mantenemos de mala manera apuntalado (que no vivo) el espíritu de la Navidad. Da pena, si no asco.

La tecnología nos permite hoy transmitir de forma masiva e instantánea felicitaciones de Navidad y año nuevo tan letales como el peor de los virus. Y lo peor es que no puedes hacer nada para protegerte.
Pero hoy no sólo hay reparto de mandobles a diestro y siniestro. Este año me he dado cuenta de que mi ira a veces resulta injusta en mis apreciaciones y acusaciones de falsedad universal en esto de las felicitaciones a granel. Lo cortés no quita lo valiente, que yo me pongo farruco cuando toca pero igualmente me la envaino y doy la cara cuando hay que hacerlo. Y es que este año, quizá en un inexplicable absceso de cordura, me he dado cuenta de que ha habido un puñado de personas que se ha molestado y ha empleado su tiempo libre en felicitarme estos días de corazón, ya fuera por correo, red social o Whats App (incluso por correo postal; la caña). Y lo ha hecho a través de un texto único, solamente para mí, sin aditivos ni colorantes, de tú a tú, porque quieren y porque les da la gana (y supongo que porque me aprecian un mínimo). He tardado en darme cuenta de que había personas al otro lado de mi ceguera que querían hacerme llegar un mensaje sincero de su parte, y ha sido en ese momento cuando he reconocido mi soberbia y he comenzado a contestar todas esas felicitaciones con la misma sinceridad y cariño con las que me han llegado. De todas formas, como seguro que he olvidado alguna, desde este blog quería gritar a los cuatro vientos que aún hay gente que se toma la molestia de hacer algo que les cuesta cierto esfuerzo por las personas a las que les tienen cierta estima, y en mi caso, me siento honrado en extremo por ser una de ellas.

Así que de esas infinitas felicitaciones me quedo con las dos docenas que he recibido sin fotos, sin estrellas, sin textos que dan grima, sin palabras desgastadas, sin deseos carentes ya de sentido, de fondo y de forma. Yo no deseo nunca feliz Navidad porque únicamente conozco a un 0,01% de gente que lo pase bien ese día, que lo pase bien sinceramente, sin engañar a los demás y sobre todo sin engañarse a sí mismos. Y para el año que comienza, únicamente deseo que se sobreviva, que el lector pueda sortearlo lo mejor posible, porque la vida hará con él lo que se salga del higo por mucho que yo desee lo que sea o él se proponga lo que se le pinte. Así que, espero que lo recorra sin apenas sufrir secuelas y que en 365 podamos comentarlo.