Fotografía: Atardecer en Serengeti

Fotografía: Atardecer en el Parque Nacional del Serengeti, Tanzania; © Fco. Javier Oliva, 2014



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miércoles, 8 de abril de 2026

Nietas, lunas y locos

  

Esta pasada Semana Santa se han reunido varias novedades en mi vida que me han tenido ocupado y preocupado.

La primera y más importante fue la llegada a este mundo de Julia, mi segunda nieta. La chiquilla, que estaba tan entretenida y a gusto en el vientre de su madre, se hizo de rogar desde el viernes de dolores hasta el domingo de Resurrección, momento en el que los médicos la invitaron a abandonar su cómoda morada para mostrarnos la carita a su familia, que ya estábamos un tanto impacientes.

Entretanto, cuatro seres humanos se embarcaban en la nave Artemis II y se fueron a dar una vuelta (literal) a la luna. Además, batieron el record de haber alcanzado la mayor distancia que un hombre (o mujer, que había una en la tripulación) ha alcanzado fuera de la Tierra (cuatrocientos cinco mil kilómetros, o algo así). Puedo asegurar que mi cabeza, en los momentos en los que la imaginación se me despendola, vuela a mucha más distancia, pero vamos a respetar la plusmarca a la NASA.

Y la tercera novedad (y desagradable en este caso), ha sido la guerra que le ha dado por montar los locos de Trump y Netanyahu en el Golfo Pérsico. Son ganas de fastidiarle la vida a los demás, a todos los demás, incluidos a los americanos (de los judíos no digo nada porque ha sido un pueblo que nunca he entendido y a mi edad tengo cosas mucho más importante de las que ocuparme, como por ejemplo la que describo en el segundo párrafo de este texto).

"Es el poder de una sola persona para destrozar la vida a ocho mil millones de seres humanos"

Lo único productivo que me ha proporcionado la maldita guerra, aparte de preocupaciones, ha sido darme cuenta de que las guerras modernas casi siempre han sido cosa de un solo imbécil, no de las ansias expansionistas de un pueblo como podía ocurrir en la Antigüedad (aunque la decisión siempre era tomada por un solo hombre, ya fuera un rey, emperador, faraón...). Siempre hay un hijo de puta que se convierte en líder de un país (por las buenas o por la malas) y, dejando fluir sus ínfulas de todopoderoso (y de pasar a la Historia aunque sea como un becerro), te monta una guerra en condiciones (como Hitler) o un genocidio en toda regla (como Stalin). Es el poder de una sola persona para destrozar la vida a ocho mil millones de seres humanos. De ahí la importancia de nuestro voto en los países que nos regimos por reglas democráticas. Pero esta cuestión la dejo para mi próxima aportación.

De momento, me quedo con mi nueva nieta, con la luna, y con el alto el fuego que han firmado dos locos con un país que, todo sea dicho..., ufff... telita con el país...



1 comentario:

  1. Enhorabuena por esa nueva nieta!! Es la mejor de las alegrías! Y ya la maldita guerra lo has descrito tal cual! En manos de unos locos psicòpatas! La historia se repite…….

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