En mi última
aportación a este inconstante Blog, hablaba de la importancia de nuestro voto
en los países que nos regimos por reglas democráticas. No seré yo quien ponga
en duda las ideologías o las querencias políticas de nadie, máxime cuando soy
un demócrata convencido, de eso que, cuando consigue un buen puñado de botos cualquiera
de los dos extremos (llámese Vox o... o como sean ahora: Sumar, Podemos, Izquierda
Unida, Más no sé qué... ―creo que me entienden―), hago justamente lo que no
hacen ellos, que es aceptar el resultado porque, y esto no puede ser más democrático,
es lo que la gente ha elegido. No puede ser que si gana la extrema
izquierda haya que aceptarlo y si lo hace la extrema derecha no sea de ley,
cuando hay que tener en cuenta que son los mismos perros con distintos
collares. Ambos extremos, más pronto que tarde, se suelen pasar la opinión de
los paisanos por el forro de sus caprichos. Viene desde siempre y ahora lo han
practicado por igual Pablo Iglesias y Santiago Abascal. “Si no estás de acuerdo
conmigo, a la puta calle”
Decía que lo
importante en estos tiempos que corren en el planeta es, quizá, dejar un poco
de lado las ideologías y centrarse en las personas. Si siempre has votado al Partido
Amarillo (por no concretar ninguno, ni en ningún país), y lo haces porque eres
afín a sus ideas, y quien manda en ese partido es un perfecto zafio, inútil, pirado,
ególatra y mala persona, es cuestión de repensarse por un momento el voto
y ser quizá un poco más práctico, porque lo mismo votas a tus ideas y el bicho
que hay en el poder te sale rana.
"¿Le dejarías a tu madre el cuidado de tus hijos si no confiaras en ella por encima de sus ideas políticas?"
Ejemplos a día
de hoy los tienes a puñados, de un color de y de otro, tristemente de un país y
de otro (antes solo me metía con España pero la cosa se ha extendido). Si soy
profundamente americano y republicano, voto a Trump y a la primera de cambio
lía una planetaria: se enemista con todos los países que puede, me sube los
precios de todo, me mete en una guerra, y todo por hacer América Grande (cosa
muy subjetiva) a cualquier precio. Es la consecuencia de votar a un mercachifle
que solo sabe hacer dinero “para él” ya la par es un obtuso e ignorante
consumado.
Lo mismo
ocurrió con Chávez en Venezuela. Muchos paisanos se dijeron que, por muy animal
que fuera el sargento, no votarían a los capitalistas jamás y ahora ya ni
siquiera pueden votar (aparte de morirse de hambre, no tener libertad, etc...).
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| De ahí viene esta reflexión de jardín de infancia... |
En España nos
pasa lo mismo, que estamos regidos por un tipo que pasa sistemáticamente de las
leyes, el equilibrio del poder, el respeto a las instituciones... y todo bajo
un discurso que, los que hemos leído algo de Historia, lo calificaríamos de muy
antiguo y, sobre todo, de macarra de verbena.
Ideas como “si
soy de derechas, jamás votaré izquierdas así mi líder me la líe gorda y pierda
derechos, dinero, incluso la vida” no son las mejores. ¿Le dejarías a tu madre
el cuidado de tus hijos si no confiaras en ella por encima de sus ideas políticas?
Si mi madre es una pirada de la vida, no le dejo a mis hijos allá tenga el
mismo color político que yo. Y al contrario: ¿le dejarías a tu hijo siendo de
un color contrario al tuyo pero sabiendo que va a cuidar al niño casi mejor que
tú?
Pues de ahí
viene esta reflexión de jardín de infancia que hago. ¿Es mejor votar a ideas
que a personas, o viceversa?

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