Fotografía: Atardecer en Serengeti

Fotografía: Atardecer en el Parque Nacional del Serengeti, Tanzania; © Fco. Javier Oliva, 2014



ESPACIO

UN ESPACIO PARA CONTAR LO QUE ME DA LA GANA


jueves, 28 de noviembre de 2019

Coincidiendo con el maestro


Ando metido en la lectura de “Una Historia de España”, de Arturo Pérez-Reverte, y tengo que asegurar que hacía tiempo que no me entretenía tanto un libro. Me lo estoy zampando con verdadero interés, disfrutando como un cerdo en un charco de barro. Aparte del estilo del maestro que, en mi opinión, se ha vuelto a superar, lo que cuenta y, sobre todo, cómo lo cuenta, no tiene desperdicio.
Para serles totalmente sinceros, no descubre nada nuevo aunque, sí es cierto, lo hace desde su punto de vista y no se anda con pañitos calientes, como cuando una abuela estricta reconduce a su nieto después de una trastada. Lo puede hacer con mejor o peor tino, pero no cabe duda de que siempre será con la intención de que el pequeño aprenda.
Este ensayo o, simplemente, esta reflexión (que es de lo que trata el libro) nos descubre la vida y costumbres de la Península Ibérica desde muchísimo antes de que nos invadieran los romanos hasta nuestros días. Yo creía que los tiempos que vivimos eran una podrida herencia de apenas doscientos años. Estaba convencido de ello después de leer en los últimos tiempos los “Episodios Nacionales” de Galdós o todos los artículos que en su día publicó Mariano José de Larra. Ahí se puede observar que, desde finales del siglo XVIII, todo el XIX y parte del XX, España ya adolecía de lo que nos sigue faltando, que la mierda que hoy saboreamos provenía desde el año mil setecientos y pico hasta hoy.
Pero me equivoqué. Esas excrecencias de las que hablo ya eran consecuencia de nuestras propias acciones anteriores, sí, de muchísimo tiempo atrás. Vamos, que desde el siglo XV andamos como puta por rastrojo. Y luego, ahondas un poco más y resulta que ya ni desde ahí, que los españoles somos como somos desde tiempos ancestrales porque nadie nos metió en vereda ni ganas que teníamos. Ni celtas, íberos, cartagineses, trastámaras, romanos, godos, moros, castellanos, leoneses, aragoneses (que incluían un condado llamado Cataluña que nunca tuvo rey), ni asturianos, vascos, gallegos… Todos compartíamos un mismo ADN que, está claro, debe de darlo el lugar donde habitamos, no los genes. Porque vayamos donde vayamos, en cualquier época, los españoles somos envidiosos, egoístas, aprovechados, cortoplacistas, al “ni contigo ni sin ti”, a dar por culo por el simple hecho de dar, sin finalidad concreta. ¡Ah!, y muy aficionados a las guerras civiles, que resulta que las coleccionamos por docenas (o centenas).

Instructiva, pedagógica, agradable de leer y muy divertida (dentro de lo trágico). 

De ahí que, aparte de meter le hocico en asuntos ajenos para beneficio propio y no ver más allá de nuestras narices, nos hemos dedicado a sacar ganancia inmediata a cualquier precio sin tener en cuenta las consecuencias. Somos unos genios en beber, comer y sodomía, pero desde que hay seres humanos por esta parte del mundo, nos ha importado un carajo la modernidad, el progreso, la educación, el futuro, la dignidad, la entereza. Sí, somos bravos guerreros, que a dar hostias pocos nos ganan, que en arrojo y valentía tampoco andamos parcos, y por eso nos hicimos en su día con medio mundo, o el mundo entero, pero luego había que mantenerlo y ya para eso no estábamos dispuestos a gastar energías, porque había que pensar, trabajar, sacrificarse, tener entidad e integridad. Y como eso cuesta, pues mejor tirarse a la bartola a disfrutar de lo conseguido y que los que vengan por detrás se apañen.
Coincido con el maestro (grata coincidencia) que Fernando VII, como él dice, era un hijo de puta con balcones a la calle, que en maldad y vileza no le ha ganado nadie hasta ahora, pero él fue más listo que los que hoy nos trajinan y se aprovechó de que en el siglo XIX en España había una élite de militares y políticos que sabían manejar el cotarro mientras el pueblo analfabeto era dominado sin contemplaciones. Hoy nos ocurre exactamente lo mismo. Excuso a Felipe VI porque no tengo el gusto de conocerle (y porque pinta poco en la política y designios de este país), pero los de arriba manejan al populacho como les sale de los webos ya que, tristemente, somos tan analfabetos como hace dos siglos, o diez, o cien. En España nunca fuimos abiertos de miras porque no convenía. Primero fueron los reyes, luego la santa iglesia católica y apostólica, luego los dos a la vez en connivencia y sin pudor, y ahora nos engaña como a un chino cualquier imbécil a través de Twitter. No nos cultivamos, no somos capaces de pensar, no actuamos, no nos movemos, no viajamos, no vemos nada que no sea a través de una pantalla, y ahí andamos, a la cabeza del Tercer Mundo, ¡como dios!, con nuestros móviles, tablets, fútbol y putas, pero lejos, muuuy lejos de ser un país moderno y autosuficiente, un país de tipos inteligentes, cultos, preparados y con ganas de hacer cosas grandes, al menos, de subirnos la autoestima. ¡Ah!, y que nadie se sienta excluido o busque culpas en un sitio concreto porque, como el gordo de Navidad, están muy repartidas por todos lados. Así que, en este territorio de podredumbre humana, que hasta el siglo XX lo fue por ignorancia y ahora (aun peor) lo es a sabiendas, los meto a todos, a gallegos y leoneses, a asturianos y cántabros, a vascos, catalanes y castellanos. No conocemos nuestra historia y estaremos condenados a repetirla cíclica y eternamente. Mierda de país.
Si no piensa como yo, lo cual es muy lícito, por favor, cómprese el libro de Arturo que lo mismo le ilumina algo si tiene dos dedos de frente y lo sabe leer (no se trata de ver letras juntas que forman palabras, sino de interpretar y ver más allá). Si no le gusta, de verdad, me lo envía y yo se lo pago, porque seguro que encontraré a alguien que le sacará más partido.

P.E.: esto no es un arreón oportunista, que lo mismo que dice APR lo pensaba yo hace mucho tiempo y ahí están mis artículos para demostrarlo. Quiero autoafirmarme en mi postura y, si de paso, le hago negocio al maestro, pues eso que se lleva, que vivir de los libros no es fácil supongo que ni siquiera para él.



miércoles, 13 de noviembre de 2019

Miedo


De verdad que estoy acojonado, que no es una frase hecha, vamos, que me siento aterrorizado, yéndome por las patas abajo. Que de todos los que me leen, es sabido mi poca fe en este país, porque los antecedentes que nos marcan desde hace varios siglos no son nada alentadores y el pasado más inmediato tampoco era demasiado halagüeño. Pero es que el presente es para echarse a temblar. No hay Dios, si siquiera caballero Jedi, que lo afronte con valentía y optimismo.
Uno ya peina canas y acaba de superar los 54 otoños, que es cuando nací. Ni me voy a dejar alarmar por lo que leía hoy en la prensa más tradicionalista (en algún caso, conservadora, ultraconservadora o, directamente, facha), ni me voy a quedar tranquilo creyéndome lo que apunta el sector de la comunicación de signo contrario. Porque uno fue buen estudiante de periodismo y, no solo se mete entre los ojos varios periódicos al día de cualquier color, sino que intenta cribar lo que cada uno publica, a ver si saca algo en claro.
Y hoy saco en claro tantas cosas, y tan desalentadoras, que me rindo al pesimismo más tenebroso (y aquí apunto que seguramente Darth Vader estaría orgulloso del camino que recorremos, vamos, que diría que ni él mismo podría haberlo superado). Como decía, soy hombre de letras. Los tecnicismos en economía me producen cierto salpullido. Pero en matemáticas ando de madre porque soy asalariado, divorciado, tengo dos hijas y una hipoteca (¡ah, y un perro!). Sin cierto poderío en el manejo de números ya me habría ido al garete.

Darth Vader estaría orgulloso del camino que recorremos.

Pero no me enrollo más sobre mi persona. Paso entonces a relatar los hechos que me hacen que eso del “reverso tenebroso de la fuerza” me parezca un sueño de Hello Kitty en blanco y negro:
1.    Hace unos meses PSOE y UP no se podía ver.  Se llamaron de todo y, férreos en sus posiciones, nos llevaron a la casilla de salida.
2.    Como todos sabemos, en menos de 48 horas han negado la mayor y, ¡hale!, abrazo al canto, un abrazo en el que sospecho que cada uno llevaba un puñal en la mano. Y a la primera de cambio, ya se verá, tirarán de sable láser y se sacarán las tripas fuera.
3.    Si hay un idioma universal en el espacio interestelar, ese es el de las matemáticas. Dos y dos son cuatro aquí, en Marte, en Alfa-Centauro y en la Estrella de la Muerte. Estos dos partidos ya han dicho que van a aumentar el gasto público y, para pagarlo, incrementarán los impuestos a todo lo que se mueva. A todo. Las personas tendrán menos dinero que gastar, las empresas dispondrán de menos recursos para contratar, la productividad se irá a un agujero negro y con el tiempo tendremos unos servicios sociales “de todo a cien” utilizados por muchísimas más personas de las que lo hacen hoy.
4.    No debo errar mucho en mi disquisición cuando en menos de 24 horas la bolsa ha bajado un 2%. Con el anuncio del Brexit o con las paridas de Trump nunca se desinfló tanto en tan poco tiempo. Ergo…, los empresarios de este país no confían una mierda en su futuro. Cierran grifos y comienzan a buscar mejores vientos para navegar, por ejemplo en Portugal, que, por cierto, tiene una prima de riesgo más baja que la nuestra desde hace meses.
5.    Como las cosas se van a poner difíciles por el simple hecho de que la gente no sabe sumar (sí, todo se reduce a eso), las cuentas no saldrán, y comenzaremos a endeudarnos más y más. Espero que aquí no suceda, y rezo a quien sea para que los que manejen el cotarro tengan suficientes luces eviten provocar tiempos aún más difíciles de los que se avecinan, pero mucho me temo que puede ocurrir que, para capear el temporal y seguir arriba del todo, se comiencen a cambiar leyes para convertirlas cada vez en más restrictivas, y a nacionalizar no sé qué y no sé cuántos y así la gente no vea cortado su acceso a bienes indispensables como el agua, la luz, el gas, y luego la comida… ¿Les suena el rollo?
De verdad, que esta vez me muero de miedo, que no va de coña, que no hay mayor peligro que dejar que un mono coja un hacha o un idiota esgrima el bastón de mando. Que a nadie le extrañe si pillo las de Villadiego. Porque no quiero llantos ni crujir de dientes. Ni izquierda ni derecha, ni mucho menos extremos. Solo quiero sentido común. Y que sepan sumar.



lunes, 4 de noviembre de 2019

Me lo ponen muy difícil


Ante la cita cachonda del próximo domingo 10 de noviembre, me siento como si me hubieran invitado a la reinauguración de un puticlub. No me gustan esos sitios, no los he pisado en mi vida y no creo que lo haga jamás, pero como eso de escribir (dicen) no se me da mal, pues le echo imaginación y me pongo en los zapatos de un pollo que se enfrenta, por compromiso, a elegir una meretriz que le haga cositas… Y la verdad, de las que se ofrecen, no me gusta ninguna.
No soy tipo de extremos (tampoco en el sexo), así que de un plumazo me voy a cargar (figuradamente) a tres de los seis candidatos, a esos que se agarran rabiosos a los bordes de la derecha o la izquierda. Por lo tanto, quedan sin mis opciones de voto los señores Iglesias, Abascal y Errejón. Este último me caía simpático pero ahora, viéndole por la tele soltar otro tipo de soflamas a nivel nacional, me confirma que nadie está inmunizado contra la podredumbre del poder ni contra la idiotez sobrevenida.
Por lo tanto, me quedan los otros tres (¡y vaya tres!), una terna que casi me incita a cambiar de puticlub (entiéndase de país, de época en la historia o, simplemente, a esperar una reencarnación mejor).
Soy dado a dar caña a quien para mí la merece, pero con estos tres la cosa me supera. Es como si te dijeran que, ante un hambre voraz, tienes tres cochinillos enteros que comerte. Así que, o me empacho o se me hace bola. Y hablar de estos tres se me hace bola, pero a 6 días de las elecciones y poco más de 4 de la jornada de reflexión, no puedo dejar pasar la oportunidad, máxime cuando esta noche van a estar cinco de este sexteto ladrando por la televisión.

No tienen ganas, no aportan nada nuevo y van a hacer realidad eso de que "nunca segundas partes fueron buenas".

Al señor Sánchez le tengo cierta ojeriza porque va de “pijo-progre”. Lo veo como a esos tipos que alardean de todo sin poseer curriculum, los encantadores de serpientes, los divos que no han hecho más méritos que haber sacado a un enano muerto de su tumba. La sombra de hacerle ojitos al independentismo es su cruz. Sinceramente, no creo que sea de los que venden a su hermano por un plato de lentejas, aunque todo es posible con esta clase de especímenes tan ambiciosos y con el paso tan resuelto. El PSOE tiene una gran visión social y ganas de hacer cosas, aunque siempre se les olvida que los proyectos cuestan dinero y que vaciar la caja es pan para hoy y mucha hambre para mañana.
El señor Casado comenzó mal y las novatadas pasan factura. Aunque rectificar es de sabios y varió el rumbo, tampoco es santo de mi devoción. De su partido me gusta que sean gente práctica por encima muchas veces de lo que conviene políticamente, incluso de sus propios gustos. Si usted mira atrás y ve cómo Rajoy nos hizo flotar sobre la crisis (porque sacarnos no nos sacó), pues ahí queda eso. Pero el resto de sus ideales, es que…, ¡ay…!, continúan siendo muy rancios para mi gusto, gente que por mucha colonia que se ponga siguen oliendo a años 60, ¡incluso 50!, con ese “señoritinguismo” (que no señorío) que me da grima. Vamos, que huelen a los santos inocentes del maestro Delibes.
Y por último, el candidato Rivera ha defraudado mucho a los que tenían ilusión por traer aire fresco. El político audaz venía con el marchamo de hombre de Estado, de intrépido lleno de lógica, coherencia y maneras de hablar muy directas. Pues resulta que se enrocó en el “no a Sánchez” y en el “Cataluña independiente jamás”, y se convirtió en un muñeco autista, en un extremista de centro. Nadie le hizo entrar en razón y la mitad de los primeros espadas se le fueron del equipo, alguno con cajas destempladas (no sin razón). Y lejos de rectificar y ser tan demócrata como fardaba, continuó con su runrún de Sánchez y el independentismo a cuestas. Su intentona salvadora antes de que se convocaran elecciones llegó tarde, muy tarde, y olía a oportunismo inoportuno. Y ahora, viendo que se acerca al abismo de la desaparición, es capaz de prometer lo que sea aunque no abandone el coñazo de la Cataluña separatista, que ya cansa. Sólo le salva que es nuevo en esto y todavía puede merecer por algunos su voto de confianza para ver si ha aprendido la lección, pero poco más.
Ergo…, viendo el panorama en este puticlub, la verdad es que me dan ganas de salir por la puerta con la cuenta en blanco, o espetar a los candidatos que me vendan sus bondades, a ver si me convencen de que me vaya con ellos al cuarto oscuro, cosa muy poco probable viendo que, en realidad, muestran la misma carne con distintos ligueros.


jueves, 24 de octubre de 2019

Sobre Franco: ¿a que esto no lo sabías?


El 20 de noviembre de 1975 muere Franco y con él todo un periodo que ya duraba casi 40 años. No voy a entrar en aquellos tiempos de la Segunda República o la Guerra Civil porque me pillan tan a desmano que sería lo mismo que si le metiera mano al reinado de Fernando VII, dicho sea de paso, una temporadita que, comparada con la de Franco, no tiene desperdicio.
Voy a centrarme en lo que viví sin apenas tener opinión ni juicio porque acababa de cumplir 10 añitos. Hoy, con una educación y unos estudios entre medias, y la perspectiva que da el tiempo, creo que los seres humanos tenemos memoria para lo que nos da la gana y, sobre todo, sea por esa memoria selectiva y oportunista, o porque pocas veces pensamos en las consecuencias de nuestras acciones o sentencias, o porque somos incapaces de pensar con un poco de amplitud de miras, tendemos a ser simplistas, cortoplacisas, egoístas y aprovechones.
Personalmente me importa un soberano carajo donde esté enterrado el dictador (porque de eso no hay duda: este tipo era un dictador). Total, dentro de cien años apenas nadie sabrá quién era o qué hizo. Sí, no seamos alarmistas. Pregunten ustedes a cualquier joven que camina por la calle, sea universitario o no haya terminado la enseñanza obligatoria, quién era Azaña, o Pi y Margall, o Primo de Rivera (el falangista o el dictador). O quién era Carlos María Isidro, que éste, a falta de liar una guerra civil, montó varias… Apenas nadie le sabrá decir quiénes fueron y mucho menos qué hicieron. Por ello, no hay que ser muy avispado para saber que al dictador tampoco lo recordará nadie por mucho que esté enterrado en el Valle de los caídos o en un parque temático.
A mí, lo que me da pena de todo esto, de lo que le ocurre a este país desde hace unos años, es que hemos redactado una Ley de Memoria Histórica pero nos hemos olvidado totalmente de aquellos que hicieron posible que hoy tengamos un grado de libertad que, incluso, nos parece pequeño. Porque hace 39 años murió Franco, pero hace todavía menos tiempo, 38, 37, 36 años, hubo tipos tan dispares como Juan Carlos I, Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Miquel Roca o Gregorio Peces-Barba por citar algunos, que olvidándose de guerras pasadas, dictaduras eternas, plomo, cunetas, cárceles, injusticias y falta de libertad, expolios, corrupciones y mil mierdas más, orientaron la proa al norte, echaron pelillos a la mar y se olvidaron de todo y todos con tal de darnos un futuro seguro, libre y mejor.

Esté enterrado aquí, en El Pardo o allí donde quieran hacerle caer, la Historia no se borra, aunque también es cierto que, tarde o temprano, se olvida. Y pasado el tiempo, el dictador tendrá un pequeño párrafo en los libros de texto que nadie terminará por estudiarse, como tantos otros que, seguramente, tendrían más méritos para hacerles mucho más caso.

Ellos, que sí tenían motivos para recordar y volverla a liar parda, justamente ellos, hicieron oídos sordos a sus gustos, opiniones e impulsos, y escribieron el punto y aparte más importante de los últimos años en la historia de este país, un punto que nos ha dado al resto la oportunidad de vivir en paz.
Los españoles somos así, dispuestos desde hace milenios a que las rencillas entre nosotros duren eternamente, a estropear lo que otros arreglaron, a sacar la mierda que se limpió y que incluso, los que más razones tenían para airearla, pensaron que era mejor olvidarla. La cuestión es retroceder en el tiempo y, una vez más, volvernos a plantar nuevamente en una España dividida, a cavar una zanja que cada día es más ancha y generar un ambiente tenso que no para de crecer, donde, además, los medios de comunicación toman partido, las redes sociales echan gasolina y a cada persona se le da una cerilla. Hoy leo y escucho únicamente opiniones de personas que, en su mayoría, o no habían nacido o apenas tenían uso de razón cuando Franco murió. Pero ahí están, dándole al fuelle para que el fuego siga vivo. Inconcebible.
Aquellos políticos de la transición, dispares en sus ideales, contrarios hasta el extremo en sus convicciones, hicieron de tripas corazón para que esto jamás volviera a suceder. Es una lástima que tengamos memoria para lo que no tiene interés alguno, en concreto, para lo que no nos conviene. Lo peor de todo es que, realmente, hay gente que nos obliga a tener memoria para lo que les interesa a ellos, sean del color que sean. Una pena. Y un peligro. Nadie lo ve. Y a mí me acojona.


martes, 2 de julio de 2019

¡PELIGRO!, hay buenas personas sueltas...


Si alguien te dice que eres buena persona, ¡cuidado!, no te lo tomes a la ligera. Porque, actualmente, decir de alguien que es buena persona, únicamente lleva aparejados adjetivos con significados bastante peyorativos. Si te etiquetan así, seguramente te están considerando pusilánime, apocado, cobarde, cortito, encogido, flojo…, en definitiva, poquita cosa.
El término no viene de ahora, que todos alguna vez hemos dicho de alguien que “de puro bueno es tonto”. Lo que ocurre es que, en estos tiempos de sociedad caníbal, de tiburones trepadores, de dignidad artificial y amor propio de todo a cien, el que no ataca gratuitamente, el que no se defiende en cuanto siente la más mínima sospecha (cierta o no) de ser atacado, el que no grita, no insulta, el que no se mete con nadie, el que vive y deja vivir, el que respeta, el que calla porque no le merece la pena una bronca, ése, exactamente ése, es buena persona, es decir, es tontito porque le mean por encima y ni se entera.
En defensa de esos tontitos, siempre he creído que no ofende quien quiere sino quien puede, que mantener las pulsaciones en menos de 80 por minuto es un lujo y además es sano, que nadie la tiene tan larga por mucho que alardee de ello para mear por encima de una buena persona, que los tontitos dan importancia únicamente a muy pocas cosas en la vida. El resto, con los años, les merece cada vez menos la pena.
Por si fuera poco haber llegado los últimos en el reparto de inteligencia (según dicen los demás), a estas buenas personas también se les achaca no tener término medio. Porque cuando cualquier imbécil con ínfulas les toca aquello que es importante, generalmente se lleva una sorpresa. Entonces, de repente, como quien no quiere la cosa, el tontito responde cuatro cosas bien dichas y en ese momento (por lo visto) deja de ser buena persona convirtiéndose en un ser desmedido, extremista, poco mesurado, carente de aguante, intolerante. Vamos, que cuando se les mea 100 veces por encima no ocurre nada, pero llega el día en que a alguien se le ocurre hacerlo por encima (por ejemplo) de su prima de Murcia (todo un referente en su vida), y se lleva la del pulpo. Entonces nacen frases parecidas a “cómo te pones por una nimiedad”.

No sé si Groucho era buena persona, pero cuando le tocaban las narices se "fumaba un puro". De todos es sabido que era un tipo extremadamente inteligente.
En fin, que las buenas personas lo son tanto que, para una vez que tienen razón y se sueltan la melena, luego van y piden disculpas. Desde este blog, les animaría a que se la soltaran todos los días y repartieran estopa de la misma forma e intensidad que hacen con ellos, pero sé que no me harán caso porque son conscientes de que no merece la pena. Se vive mejor siendo tontito. La vida pasa más tranquila. Y, sobre todo, se duerme a pierna suelta porque se tiene la conciencia tranquila, sí, la conciencia, eso que es patrimonio exclusivo de las buenas personas.