No, señor presidente, lo que pasó ayer en Urda no es inasumible, así, en general. Quien no lo puede asumir es la población, que usted ya sabemos que le sobran espaldas para soportar lo que sea y le faltan escrúpulos para sufrir de insomnio.
Desde hace años todo lo que está ocurriendo en este país me parece una suerte de aquel bulling que se practicaba en los colegios españoles en los años 70 y 80, ese acoso y derribo cuando no había redes sociales y los macarras desvergonzados le echaban cara dura y le daban la vuelta a la tortilla con suma desfachatez y sin importar lo que nadie pudiera pensar de ellos mientras se salieran con la suya y quedaran por encima de los demás. Y lo hacían porque eran más altos que el resto, más fuertes que el resto, más listos (que no inteligentes) que el resto, y también porque tenían menos conciencia que el resto. No les importaba nada con tal de seguir siendo el sheriff de la las aulas y mantener el corro de palmeros que les hacían de cortejo. Decían lo que fuera. Como pasó ayer. Como lleva pasando mucho tiempo.
Sé bien de lo que hablo. Lo que nos ocurre desde hace años me recuerda a aquellos tiempos donde (hablo en primera persona) me llovían presiones, insultos y hostias semana sí y semana no. Y cuando te quejabas al profesorado, los aludidos ponían cara de circunstancias, o de angelitos, o de "no sé de qué me habla", o incluso te acusaban de ti de ser el causante de la situación, y salían de rositas de la denuncia cuando el resto de la clase y damnificados sabíamos que no era así. Y si se te ocurría levantar la mano, el culpable eras tú. Era injusto, pero era la puta vida.
No tengo muchas más ganas de seguir escribiendo porque la ocasión merece el silencio del respeto. Solo digo que esta nueva tragedia (ahora en Urda; ¿cuándo y dónde será la siguiente?) me ha golpeado muy fuerte, muy duro y muy adentro. Espero que el futuro nos coja confesados porque, los que hemos estudiado un poquito de Historia, sabemos que el miedo lo dirige, lo controla y lo somete todo, y una vez dirigida, controlada y sometida la población, solo falta ir perdiendo la vida bajo un régimen que promete el paraíso mientras te hundes en la basura gritando ¡viva la revolución! No seremos felices porque estaremos muertos en vida y con la boca cosida.




