Fotografía: Atardecer en Serengeti

Fotografía: Atardecer en el Parque Nacional del Serengeti, Tanzania; © Fco. Javier Oliva, 2014



ESPACIO

UN ESPACIO PARA CONTAR LO QUE ME DA LA GANA


martes, 15 de diciembre de 2015

¿Te descubro cuál es el voto útil?



Me ha bastado un resumen en las noticias para saber que ayer hice muy bien en no ver el debate entre Rajoy y Sánchez. Creo que lo único que hicieron bien fue demostrar a los inteligentes de este país que se ha terminado un ciclo, que sus discursos de sus partidos están acabados, que transmitir miedo ya no asusta, que las nuevas generaciones de españoles quieren algo más, quieren dejar atrás el pasado y mirar hacia delante.

El debate de ayer sólo me sirvio para saber que no sirvió para nada.

 También ayer leí la intención de voto por edades en un diario, y era muy demostrativa. Únicamente en el arco de votantes de 65 años para arriba ganaban los dos de siempre. En el resto, es decir, de 65 para abajo, apenas estos dos cogían un puñado de votos y quedaban siempre en última o penúltima posición. En cualquier caso, éste comienza ya a ser un país de viejos, y por eso todavía se sostienen ahí arriba... más o menos.
No voy a pedir el voto para nadie, válgame el cielo, pero sí me gustaría comentar la reflexión que llevo haciendo un tiempo sobre la política en este país, un tiempo largo, vaya, que no es de ayer ni de antes de ayer. Y es que la política, lejos de interesarme demasiado, en verdad ahora me tiene preocupado, y no sólo por la corrupción ni por el acceso a instituciones de incompetentes e indocumentados, sino por las pocas ganas que tienen los dos principales partidos políticos (hasta este domingo) de no hacer ni el webo por remediarlo.
Está claro que sufrimos una dictadura de 40 años y ahora hemos corrompido 40 años de democracia. Hace falta abrir las ventanas y ventilar, dejarnos de azules y rojos, dejarnos de inercias de voto, dejarnos de sentimentalismos. Los que tenemos hijos debemos ser conscientes de que si esto no evoluciona las próximas generaciones lo van a tener muy complicado, máxime cuando ellas ya no piensan en pasado, no lo entiende ni ganas que tienen. Para ellas la Guerra Civil sólo sale en los libros de historia, Franco es tipo muerto e ignoran qué fue la Transición. Es hora de que todo eso pasen a ser temas de una asignatura en el colegio y hagan oídos sordos a lo que sus padres y, sobre todo, sus abuelos, les siguen inculcando, seguramente sin intención (o con mucha, que ya no sé qué pensar). Los jóvenes tienen que votar a aquel partido que coincida con sus ideas, "con las suyas" y no con las de sus mayores. Deben pensar por sí mismos, y para eso es preciso una buena educación para que puedan elegir libremente, sin coacciones mentales (¿por qué siempre mis reflexiones me conducen al mismo sitio?).
El domingo nos jugamos mucho, pero mucho más de lo que la gente cree, porque estamos en un momento en el que contamos con el impulso necesario para reformar lo que nadie ha querido tocar durante 40 años de dictadura democrática. Hay que pegarle un buen meneo al país, pero un meneo en condiciones, el mismo meneo que están sufriendo los olivos ahora en época de cosecha. PP y PSOE tienen a sus jubilados y sus retrógrados que son masa (cada vez menos) y les van a subir otra vez a las primeras posiciones, pero España se merece (y mucho) que salgan alternativas con ganas de poner en cuestión el sistema actual, básicamente porque creo que es muy necesario, casi crítico. Por eso partidos como Ciudadanos y Podemos deben crecer hasta agarrarse al cuello de estos dos fósiles. Si esto ocurre, surgirán entonces dos alternativas: que los dos antiguos partidos hagan purga y se renueven (pero una renovación en serio), o que se pudran lentamente y desaparezcan, cosa que tampoco es buena porque debe haber espacio para todos los pensamientos.
En fin, que el mejor voto útil esta vez creo que es hacerlo en conciencia a quien creamos que se acerca más a nuestra forma de pensar, y así al menos estaremos contentos con nosotros mismos y con nuestra conciencia. Ya no vale el miedo a que vengan los rojos o los fachas. Ahora es tiempo de estar ilusionados en esperar que todo esto sea cosa del pasado y tratemos de conseguir calidad política en nuestro país. Si no es así, mejor será que pensemos en seguir de esta manera otros 40 años, que junto a los de Franco y a los de ahora se nos va a ir la broma a siglo y pico de tontería.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

7D, El debate que yo vi

Llevaba días negándome a ver el debate y dedicar así mi escaso tiempo a otros menesteres más productivos (tales como escribir o jugar a la Play Station), pero al final me pudo la curiosidad y me conecté a la televisión como otros 9 millones de telespectadores. La verdad es que, lo admito, me divirtió tanto la forma como el fondo del asunto, vamos, que se me pasó como una centella. Tan entretenido estuvo que procedo a diseccionar lo que me pareció personaje a personaje, que no candidato a candidato porque hubo uno que, como yo, se lo tragó sentado en el sofá.

Pablo Iglesias abogó por los currantes que se levantan a las 6 de la mañana y las amas de casa que curran 15 horas al día. Pues yo hago esas dos cosas (y alguna más) y ni me siento víctima ni creo que sea como para montar el pollo revolucionario que él quiere montar....
 A Pedro Sánchez le bautizaron apenas terminó el evento como el gran perdedor. No sé si ponerlo en duda, pero hubo una cosa que sí me gustó de él, y fue su desparpajo a la hora de querer entablar debate cara a cara con quien fuera de los otros tres, aunque lo hiciera como si estuviera en un bar y necesitara que alguien le invitara a una caña para charlar. Eso muestra ganas y confianza, y me parece correcto, incluso conveniente, pero si su discurso hubiera sido un poquito más variado habría ganado algo más que críticas. Creo que, al igual que le ocurre al otro gran partido, sus propósitos y objeciones no han cambiado nada desde hace 40 años. Predecible y aburrido, disco rayado.

Pablo Iglesias era a priori el mejor orador de todos y el que, en el “cara a cara” o en el “todos para uno y uno para todos”, tenía que haber sobresalido. Y en eso estuvo en su línea, suelto y mostrando confianza, incluso cierta soberbia con el “tranquilo Pedro” y “tranquilo Albert”. En otra situación le hubiera ido de perlas porque el hombre se mueve con la palabra como pez en el agua, pero como cambia de criterio cada quince minutos no se sabía ni su propia lección y fue quedándose en evidencia él solito sin ayuda de nadie. Lo que sí hizo estupendamente (y lo digo sin eufemismos) fue movilizar a sus bases, votantes y simpatizantes para arrasar en las redes sociales, y vaya sí lo hizo.

Albert Rivera todavía sigue buscando la lagartija que se le había colado dentro del traje porque no paró quieto ni un segundo en la primera parte del debate. Le podían los nervios y la ansiedad por seguir rascando votos a derecha e izquierda, y eso jugó en su contra. Se atropellaba tanto que no llegaba casi ni a explicarse, cuando la cercanía y sus maneras sencillas y llanas son el punto fuerte de su poder de comunicación. En la segunda y tercera parte del debate pudo controlar al reptil que le hacía cosquillas y se serenó bastante, aunque las palabras no llegaron a fluir como nos tiene acostumbrados. De todas formas, se le notaba más cómodo pudiendo lanzar pullas en todas direcciones, eso sí, con cierta elegancia y sobradas de sarcasmo. Para mí, perdió una oportunidad de oro para haber rascado más, vaya, con azada.

Y Soraya Sáenz de Santamaría estuvo en su papel de cerebro indiscutible de su partido, la más lista de la clase, con inteligencia y determinación, firmeza y valentía. Es lo que te da una cabeza privilegiada y experiencia como portavoz. Se presentó con los deberes hechos, la lección aprendida y un argumentario preparado para las más que previsibles objeciones que le iban a soltar sus compañeros de debate. Seria, eficaz y, eso sí, muy nerviosa al principio, que se le adivinaba haciendo memoria para responder correctamente, vamos, que no fue ella misma hasta que le calentaron el trasero con la corrupción, y entonces se desató. En cualquier caso, sus propuestas, al igual que ocurrió con pedro Sánchez, son las mismas que su partido lleva haciendo desde la transición.

Por resumir un poco, la novedad estuvo en que el debate fue entre cuatro y no entre dos, que uno de ellos ni siquiera era candidato, que los dos de siempre no mostraron nada nuevo bajo el sol, y que los dos nuevos están todavía muy tiernos, uno por oportunista y veleta (con el plumero al aire), y otro por ansioso, cuando todos sabemos que la paciencia es una gran virtud y la gente sólo se fía a medio plazo. Sea como fuere, creo que el debate más que aclarar, confirmó votos ya decididos. En fin, que como experiencia televisiva estuvo bien. Lo mejor fueron los periodistas Vicente Vallés y Ana Pastor; el primero bregado en mil batallas supo imponer sus reglas de manera elegante pero firme; a la segunda le faltó su habitual punch, pero también hay que tener en cuenta que el lunes no fue periodista sino moderadora.


lunes, 16 de noviembre de 2015

Siempre hacia delante


Llevo cuatro meses de silencio en este blog, y os puedo asegurar que no ha sido por gusto, ni por falta de ganas para contar lo que se me pinta. Pero hay ocasiones en las que la vida se empeña en colocarte en una situación difícil para ver cómo respondes, para comprobar si eres tan listo como alardeas o tienes la cabeza tan bien amueblada como presumes. Y llegado ese punto en que las circunstancias te agarran por la parte media del cuerpo, tú te preguntas: ¿por qué a mí?, ¿por qué ahora? Nunca es el momento oportuno pero eso a la vida le trae sin cuidado. Es entonces cuando pones a prueba tus cinco sentidos, seis si contamos el sentido común, el fundamental. Te sientes objeto de estudio como si un dios macabro y sádico hiciera un experimento contigo, como esos test de stress que hacen a los bancos o a las aseguradoras para ver si están preparados para cuando llegan las épocas de vacas flacas, o muy flacas, o peor aún, cuando ni siquiera quedan vacas. Por eso, la primera lección que he aprendido después de ser vapuleado cruelmente por el destino es que no hace falta hacer grandes planes ni estar preparado para lo que piensas que vendrá en un futuro, porque la vida hace con nosotros lo que le da la gana y, desde luego, lo hace sin previo aviso y es inútil pedir explicaciones.
De ahí que durante estos más de 120 días haya guardado silencio en este blog. Mi cabeza estaba ocupada en otras cosas y, aunque tenía ganas de soltar algunos improperios acerca de las elecciones catalanas, la crisis de los refugiados, el movimiento independentista, la precampaña electoral para el 20-D o la masacre en París del viernes pasado, no disponía de ánimo ni de concentración suficiente como para plasmar con cierta mesura y objetividad mis opiniones (contando que toda opinión es ya de por sí subjetiva, pero para eso es mía y sólo mía).
Otra cosa que me ha enseñado estar buceando en este paréntesis ha sido que no hay tempestad que dure eternamente y que, con un poco de serenidad, todos nos convertimos en corcho para que ni la más terrible de las tormentas pueda hundirnos. Siempre terminamos a flote. Sólo hay que convencerse de que podemos mutar nuestra fisonomía y convertirnos en corteza de alcornoque. Y así, aunque una ola nos sumerja con fiereza y violencia, terminaremos por salir a la superficie y, con un poco de suerte, con la apariencia de no habernos mojado.

Los buenos amigos siempre son un buen paraguas cuando llueve. Además sabrás distinguir a los buenos amigos porque sus varillas no se doblan jamás con el viento y no dejarán que te mojes.

Y también he aprendido que la raza humana no ha evolucionado prácticamente nada desde hace varios miles de años, y que la mayoría de los verdaderos sabios se extinguieron hace mucho tiempo. Aquellos contemporáneos a los que así consideramos a día de hoy no hacen otra cosa que repetir lo que ya se dijo decenas de siglos atrás, como esa frase de Julio César que me ha enseñado a tener mesura y no adelantar acontecimientos, principalmente porque, como decía antes, la vida hace lo que se le pinta contigo. Así que, como decía el romano, he aplicado en mi vida aquello que afirmó con rotundidad: “cuando lleguemos a ese río, me ocuparé de ese puente”, y lo he hecho a rajatabla, y con cierta frecuencia, y casi siempre en contra de lo que me pedía el cuerpo, pero los resultados no han podido ser mejores.
Resumiendo, y aquí el colofón a este primer artículo después de una larga pausa en el blog: por mucho que truene, la lluvia te hace crecer si sabes canalizarla; y si ves que aún puede contigo, pues llenas unos vasos y procedes a bebértela. ¿O es que vas a permitir que te venza? Como dicta el siguiente aforismo atribuido a los maestros Les Luthiers: no te tomes la vida demasiado en serio porque no vas a salir vivo de ella.
Dedicado a todos aquellos que alguna vez las han pasado putas de verdad: hay salida.


lunes, 13 de julio de 2015

Tsipras, el primo desnudo.


Mi madre, mi abuela, un profesor del colegio… A todos nos lo han repetido hasta que tenemos uso de razón (cosa que, por otra parte, no todo el mundo consigue). Eran otros tiempos entonces, pero había una frese que aún perdura aunque agonizante: “es de sentido común”, lo que traducido y adaptado a tiempos de Whats App y Twiter quiere decir algo así como “sólo un tonto de baba dejaría de verlo” o en grafía actual “stás gil o q?
Comenzando por el pueblo griego, soberano como todo aquel que disfruta de una democracia, y terminando por esos europarlamentarios que hicieron pasillo a Tsipras cuando fue a Bruselas a sacar pecho después del referéndum, a todos ellos les falta sentido común. Porque estoy de acuerdo con ellos en que las cosas deben cambiar, que el Status Quo actual no se lo salta un gitano, que hay mucho privilegio que quitar, mucha mierda que limpiar y mucho capullo que aparcar al sol o a la sombra dependiendo de sus culpas, pero era de sentido común que la postura extrema y chulesca del mandatario descorbatado y descoletado, ese “pues ahora no respiro” de Tsipras estaba abocado al fracaso o al suicidio. Es lo que le suele suceder a cualquiera que se mete con su hermano mayor, que siento éste más grande, más fuerte y más rico, que aun siendo tú más listo, te puede agarrar por los menudillos y al final tienes que callarte y meterte la lengua por la salida de desperdicios. Lo inteligente en estos casos hubiera sido jugar la partida de otra manera y no a lo “me cago en diez” como lo ha hecho Grecia, que para ser la cuna de la democracia se parecía mucho más a un macarra de barrio con bravatas que sabía de facto no iba a poder cumplir si no quería terminar pasando vergüenza y hambre.
Y ahora, después de 17 horas de negociación,  ¿qué? A mí este Tsipras me recuerda a esos aficionados al fútbol que previamente a un partido importante te ponen la cabeza como un bombo regodeándose ya en su victoria aplastante. Luego ocurre que el bocazas tiene que callarse porque todo salió al revés de lo que tenía previsto, y no sólo queda como un perfecto imbécil sino que además le toca pagar las cañas y ser el hazmerreír de todos. Y así es como ha quedado el griego sin coleta, que lleno de bravuconadas cuarteleras y promesas irrealizables (la educación helena debe ser como la española para engañar a tanto votante) llegó al poder. Y luego creyéndose el rey del mambo fue con la misma cantinela a Europa, y aunque de tonto tiene que tener bien poco, ha salido de Bruselas con el orto escocido, mal menor si comparamos que su determinación desaprensiva era hundir a su país en la mierda más allá del cuello. El resultado de tamaña gilipollez (porque no puede ser calificada como otra cosa más suave) ha sido dejar Grecia con un corralito que le va a durar todo el verano, tener a la gente dividida, cabreada y con los problemas aún por solucionar además de haber terminado siendo muchísimo más dependiente de Europa de lo que ya lo era. Es decir, que ha perdido el tiempo cuando lo fácil hubiera sido admitir la situación y dar un paso al frente. Pero como no hay peor ciego que el que no quiere ver, y es en las épocas de crisis cuando los ignorantes, los manipuladores y los imbéciles recurren al sentimiento patriótico, pues eso, que no se han ido por el caño del fregadero de puro milagro.

Reunión de pastores a la entrada de la EuroCámara. Al de la izquierda ya no le quedan ovejas. Al de la camisa roja  no le hicieron caso ni en el Parlamento y con estos antecedentes y sus últimas maniobras rastreras en su propio partido, lo mismo dejan de hacerle caso hasta en su casa.

¡Vaya negocio que ha hecho Tsipras! Se ha quedado desnudo. Pues que vayan tomando nota los que van de salvapatrias y salva-dignidades, que sepan ellos y el resto que consignas prometiendo el oro y el moro, cuando no hay posición de fuerza (y sólo la tienen Alemania, Francia y el Reino Unido), Europa da un puñetazo en la mesa y aquí se giña hasta el más pintado… o nos lleva a la ruina. Las primeras lecciones de este curso acelerado de “deje de hacer el pardillo y defienda sus ideas de una manera más práctica” están siendo estudiadas y bien aprendidas por Manuela Carmena, que después de unos iniciales traspié va poniendo sentido común a su mandato, todo lo contrario que Ada Colau, que pierde tanto entusiasmo como apoyo de sus propios votantes y simpatizantes, una información de hoy mismo coincidiendo con la bajadita de pantalones y untada de vaselina de Tsipras.


lunes, 6 de julio de 2015

Alexis, el primo más listo de la clase.


Érase una vez una familia numerosa en que había dos docenas y pico de nietos. Los había  ricos y pobres, pero los que más abundaban eran esos que llegaban justitos a fin de mes a base de trabajar mucho y hacer malabarismos con el dinero que tenían. Y como en toda familia que se precie, los había listos, tontos, de derechas y de izquierdas, de centro, con ganas de hacer cosas y vagos revagos, aunque la mayoría era currante y sacaba adelante su vida y su familia de mejor o peor manera. Lo hacían con el sudor de su frente y alguna que otra ayuda de sus mayores (que se la ofrecían a fondo perdido, como si fuera subvenciones), incluso del banco cuando la cosa se ponía difícil (y ésa sí tenían que devolverla y lo hacían porque eran cumplidores aunque les supusiera mucho esfuerzo).
Murió la abuela y todos tuvieron que hacer frente a la pobre herencia que les había dejado (un piso ni muy grande ni muy pequeño en un barrio normalito). Antes de poder hincarle el diente, arreglarlo y venderlo (la abuela se lo había dejado en un estado penos, mucho más de lo que creían), debían pagar los impuestos que la ley imponía para ser sus dueños legales y así proceder a su venta. La cuestión es que, cuando los veintitantos nietos tuvieron que rascarse el bolsillo para hacer frente a aquel imprevisto, hubo uno que dijo tener las arcas vacías, justo aquel que parecía ser el nieto rico, el que siempre tenía el coche último modelo, el más guapo, el que alardeaba de cultura y saber hacer, aquel que siempre iba a su bola y al que nadie preocupaba porque era un tipo simpático con problemas aparentemente minúsculos al ser un solterón empedernido que nunca hablaba de hijos recién nacidos, ni adolescentes, ni de educación, ni de mayores dependientes… Aquel día, el primo bobo se destapó con que no podía pagar su cuota de impuestos para hacerse con el piso. Es más, comenzó a pedir prestado al resto de primos porque en realidad había vivido muy por encima de sus posibilidades falseando sus cuentas antes el banco y en la Hacienda pública, y no tenía ni para comer. Y todos los primos, que eran una piña para lo bueno y para lo malo, le dejaron dinero.
No contaron con que el primo bobo era un manirroto, saldó algunas cuentas (las menos) y se pulió el resto para seguir viviendo a cuerpo de rey, con su coche, su jamoncito de jabugo, su piso en el mejor barrio de la ciudad, sus salidas nocturnas, sus vacaciones caribeñas, sus puticlubs… Y como el dinero no le daba, volvió a pedir dinero a sus primos, esta vez más que antes. Y dado que los primos eran buena gente y la familia estaba por encima de todo, le dejaron más dinero que la vez anterior confinado en su buen hacer.
Y el primo bobo hizo algunos recortes (un poco menos de jamón, un poco menos de vacaciones, un poquito menos de salidas…) pero continuó con su tren de vida. Y se lo gastó todo y volvió a pedir dinero, más que antes, y su familia le volvió a dejar dinero con sacrificio porque seguían a vueltas con el piso de la abuela. Pero esta vez le pidió algún interés al primo bobo, además de solicitarle de forma amable que comenzara a devolver lo que había pedido prestado anteriormente. También la familia le aconsejó que además comenzara a controlar su vida porque así no se iba a ninguna parte. Y el primo bobo dijo que él no podía pasar sin su güisquito, ni su jamoncito, ni sus vacaciones, sus chatis, sus cenitas y sus copas, ni su casoplón… Y los primos se mosquearon y él continuó con su ritmo de tocarse los güevos sin hacer ningún recorte para atenuar gastos, y los primos le dijeron que ya no le iban a prestar más por ser un desconsiderado egoísta.

En España también tenemos a nuestro primo ejemplar que quiere ser el más listo de la clase. Luego no vale quejarse.
Y el primo bobo se cabreó, y además se acojonó porque vislumbró allá en un horizonte muy cercano que iba a pasarlas moradas incluso para comer garbanzos de supermercado a granel, y entonces pidió que le perdonaran parte de la deuda y la familia dijo que tararí que te vi. Entonces, lleno de orgullo, amenazó a la familia que iba a consultar consigo mismo si se plegaba a las exigencias del resto de primos. Y durante todo un domingo estuvo reflexionando si las admitía, y decidió que no, que se pasaba por el forro lo que sus primos dijeran, que él iba a su bola porque era un tío legal y muy inteligente, que los otros eran unos ruines y unos usureros que sólo querían tenerle amordazado, y él tenía una vida que quería vivir sin importarle los esfuerzo del resto de los primos.  Y ahí se quedaron, todos con cara de bobos.
Por lo que a mí respecta, al primo bobo le pueden ir dando mucho por donde amargan los pepinos, sobre todo a ese 60% de primo bobo que ha desafiado la buena voluntad del resto de sus primos que le han ayudado. Que el primo bobo se vaya de la familia, que sólo es el 4% de la riqueza familiar, que se coma sus piedras, que lo mismo se pone a cagar grava y puede construir un nuevo país, que se vaya a engañar a sus ilustres muertos y, si tan bien puestos tiene los webos, que acepte la ayuda de ese vecino del piso de arriba, un tipo siniestro y prepotente llamado Vladimir. Eso sí, que luego no pida ayuda cuando termine como sus otros vecinos, los dos hermanos de la planta semisótano, Fidel y Raúl, que llevan comiendo mierda 60 años porque el papá de Vladimir les abandonó cuando ya no le servían para nada.