Fotografía: Atardecer en Serengeti

Fotografía: Atardecer en el Parque Nacional del Serengeti, Tanzania; © Fco. Javier Oliva, 2014



ESPACIO

UN ESPACIO PARA CONTAR LO QUE ME DA LA GANA


lunes, 13 de marzo de 2017

El aburrimiento de Unidos Podemos

Cuando el diablo se aburre, con el rabo mata moscas. Eso es lo que le pasa a Unidos Podemos, que cuando no tienen la atención que reclaman de la opinión pública, se inventa lo que sea para hacerse notar. Lo último ha sido presentar una proposición no de Ley en el Congreso de los Diputados en la que exigen que se erradique cualquier manifestación católica del ámbito público, incluida la misa de los domingos que TVE emite. No tengo acceso al texto de la proposición de ley pero me llama la atención el término “católica”. Me hubiera parecido bien, coherente y sujeta casi a Derecho que hubieran pedido el cese de emisiones de cualquier manifestación religiosa. Incluso la hubiera apoyado. Pero si han puesto explícitamente “católica”, son ganas de sembrar cizaña donde no la había.
Quizá Unidos Podemos ignoran que TVE también emite programas de otras confesiones religiosas, entre otras, me consta la judía y la musulmana. ¿Por qué no piden que tampoco se emitan estos programas? Cierto es que no se dan por televisión las ceremonias de estas dos religiones y de la misa sí se hace, pero creo que es buscarle cinco pies al gato, darle vueltas a las cosas por el simple placer de enfrentar a la gente. Tamara Falcó ha salido en defensa de la misa y le ha caído la del pulpo por ejercer su libertad de expresión. Es lo que le ocurre a los extremos, sean de derechas o izquierdas, rojos o azules, que defienden la libertad de expresión siempre y cuando no vaya contra sus cánones, sus credos, sus formas de vida o, lo peor, contra su programa político.

Me da a mí que los cristianitos españoles no van a conseguir nada hasta que sean una minoría perseguida. Entonces, como cualquier otra minoría, gozarán de los favores de estos partidos. O a lo peor, ni por esas.
Estamos en un país en el cada uno cree en lo que le da la gana. Algunos no creen en nada, y algunos respetamos en lo que crea cada uno. Pero estos tipos que siempre se erigen en paradigma de respeto, de demócratas y de mentes preclaras (repito, cualquier extremo, aunque esta vez le haya tocado a la izquierda), son capaces de prohibir el catolicismo y continuar permitiendo que se emitan programas sobre la religión judía o musulmana. Pues en una democracia, en este sentido, funciona el café para todos, es decir, que tienen presencia todas las religiones o no la tiene ninguna. ¿O es que los señores de Unidos Podemos tienen los webos suficientes como para declarar públicamente que no quieren al Islam en la TVE pública? Pues no, ya le digo yo que no los hay. Tampoco hay cerebro para respetar la cultura y las costumbres de un país. Eso sí, en manipulación sobre masas hay que darles un sobresaliente, que para eso son unos verdaderos hachas.

Señores de Unidos Podemos: si se aburren y además ven que no terminan de pegar un subidón en votos como para poder gobernar, invéntense cosas más inteligentes, que no perjudiquen a nadie y, sobre todo, que no enfrenten a la gente, que son ganas de sembrar discordia en asuntos donde, hasta hoy, no la había.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Compromiso frente a huevos.


Y yo que quería al menos aportar un par de artículos al mes en este blog, y ya he pinchado en febrero. Pronto comienzo a fallar en mis propósitos. Así que, para no cejar en mi empeño, me propongo hacer tres a lo largo de marzo y así recuperar mi media de dos al mes, veinticuatro al año. Espero conseguirlo.
Y no será por temas para comentar, que últimamente la actualidad nos oferta juicios por casos de corrupción para todos los gustos y colores. Hablar de comisiones empieza a ser burdo. Pero derivado hay cosas más jugosas como, por ejemplo, apreciar la manera en la se les empiezan a ver las costuras a algunos políticos, sobre todo a aquellos que están relacionados con ciertos pactos de investidura que, desde mi punto de vista, no van a durar demasiado. Aquí vamos a comprobar, por un lado, si Rajoy iba en serio o fue un brindis al sol (apuesto por lo segundo), y por otro lado si Ciudadanos, como ha alardeado siempre, tiene la parte genital bien grande y acomodada en su sitio para denunciar el acuerdo y romper con todo tipo de apoyos, o hace mutis por el foro, se inventa una excusa relativamente válida y, hablando de acomodar, se va acomodando en las sillas del poder (igualmente, también me inclino por lo segundo).
En definitiva, hagan lo que hagan, quien se está jugando el futuro de su partido es Albert Rivera. Si el PP no hace dimitir al presidente de Murcia y Ciudadanos no rompe el pacto, el catalán va a perder votos a mansalva. La gente que confió en su partido lo hizo porque quería nuevas ideas y más compromiso. Si a la primera de cambio se deja seducir o acomplejar, mal van. Por el contrario, al PP le beneficiaría que no se rompiera el pacto, primero para seguir gobernando sin sobresaltos, y después para demostrar que es un partido fuerte que puede con todo.

Dicen que las palabras se las lleva el viento. En España las escribes y se las llevan por delante los hombres.

Sea como fuere, aquí los que realmente están perdiendo protagonismo en este momento son PSOE y Podemos. El primero porque, hasta que no se pongan de acuerdo y se unan como una sola idea, no dejarán de dar el espectáculo por el lado que no deben. Y los otros porque nadie cuenta con ellos, no les invitan a nada y les obvian cada vez que pueden. Además, una vez resuelta la papeleta de las dos corrientes, Pablo Iglesias no cesa de darnos clases de democracia, esa idea que únicamente pervive en él, emana de él, la esencia está solo en él, vamos, que los antiguos griegos a su lado no tenían ni puta idea de lo que era la democracia (imagínese el lector el resto de los mortales). Este profesor universitario, que devalúa sin duda al colectivo, da clases de democracia a todo el universo interestelar de la galaxia excepto cuando toca aplicarla en su partido. Entonces él ostenta todo el poder, y se lo otorgará a las masas cuando le salga del bolo. Si repasamos la Historia, personajes “peculiares” como este botarate han pasado a los libros no precisamente como ejemplo de cosas admirables.

En fin, que espero que marzo nos vaya dando un poco de cuartelillo con otros temas más interesantes de los que opinar. Me queda pendiente Trump, pero me tiene tan despistado que, de verdad, no sé todavía por dónde meterle mano. Aunque no desespero. Llegará el día.


martes, 14 de febrero de 2017

San Valentín, ese chivato acusador

Y llegó el día más pasteloso de todos los del calendario: san Valentín, una festividad comparable a la Navidad porque es el día en el que se celebra el amor (conyugal o universal) para respetarlo durante 24 horas. De esa manera  los demás días del año no tenemos que celebrarlo, ni siquiera practicarlo.
De san Valentín (el santo) se sabe más bien poco. Por lo visto fue un hombre al que decapitaron en el siglo III. Poco (o nada) ha llegado a nuestros días que se pueda dar como cierto. Se dice de él que lo ejecutaron porque casaba a los soldados del Imperio en secreto cuando estos tenían prohibido el matrimonio. No, lector, no los casaba entre ellos, sino con sus respectivas enamoradas (lo explico porque a mí me ha costado un poco coger el sentido de la frase cuando la he leído). En definitiva, san Valentín era una especie de caramelo envenenado porque hacía triunfar el amor por su santo designio, ignorando que después al contrayente le podía caer la del pulpo y, de hecho, él mismo perdió la cabeza por su obsesión. Eso sí, le hicieron santo. No sé por qué y prefiero no pensarlo.
Lo que queda claro es que es un día tremendamente injusto, delator, separatista, acusica, humillador, lo mismo que ocurre con el día del padre, el día de la madre o, por ejemplo, el día de la mujer trabajadora. La gente hoy se felicita (exclusivamente entre enamorados) y a los demás que les den morcilla. El día del padre sólo lo celebran los padres; el de la madre las madres; y el de san Valentín tienes que celebrarlo por cojones porque si no te estás acusando a ti mismo de ser un solitario amargado al que no quiere nadie. Es un día injusto, muy injusto. Como si enamorarse o tener pareja fuera obligatorio, por cojones. Porque en caso contrario, tu condición de buena persona, aceptada por la sociedad en la que los buenos valores se te presuponen, queda en entredicho. En este país, ser soltero o, simplemente, no tener pareja, es casi sinónimo de egoísta, aprovechado, tipo que vive a su aire sin importarle un carajo los demás, poco escrupuloso y contrario al compromiso. O de feo, si, también puede ser sinónimo de desagradable a la vista. O de bicho raro. Da igual si eres soltero por obligación o por devoción. Eres un hueco oscuro de dudosa intención en una dentadura perfecta.

Deberían quitar este día del calendario. La Iglesia lo hizo en 1969 pero quizá por lo que representa el santo y el año en el que se intentó que lo olvidáramos, se sigue celebrando.

Jamás de los jamases he celebrado el día de san Valentín estando solo o en pareja (lo de estando solo es un cruel eufemismo). Porque el día de los enamorados, como reza la manida lógica, deberían serlo todos. Lo mismo pasa con la Navidad, que debería celebrarse a diario. Lo que ocurre es que no podemos renegar ni evitar nuestra condición de seres humanos. Nos cansamos, nos olvidamos, renegamos e, incluso, odiamos. Y al final no volvemos a creer en san Valentín o en la Navidad hasta el año siguiente. Vaya, que esto no tiene por dónde cogerse.

Así que, respetando la libertad de cada uno, yo voy a continuar por quincuagésimo primer año consecutivo obviando a san Valentín, su celebración y a su pastelera madre en el trampolín de la muerte, ya sea estando solo o emparejado, situación cuya posibilidad de repetición es muy remota, hasta el extremo.



viernes, 27 de enero de 2017

Conjeturas 2017: ¡Reto aceptado!

No quiero dejar pasar febrero sin haber escrito antes algo en este blog, que lo tengo abandonado. Y no quiero excusarme con que no tengo tiempo, que el lanzamiento de mi última novela publicada me tiene secuestrado por lo bien que va, o que la escritura de una nueva retiene mi capacidad de inventiva y comunicación. Lo que me pasa es que, aunque están ocurriendo muchas cosas a mi alrededor, en mi casa, en mi barrio, en mi pueblo, en mi trabajo, en España, en Europa o en el mundo, me doy cuenta de que todo es cíclico, que aquellas cosas de las que me quejaba en este mismo blog hace seis años, se están repitiendo, sobre todo a lo que a política o aspectos sociales se refiere. Por ejemplo, ¡qué voy a decir de Trump que no haya dicho ya de Aznar, Zapatero o Hugo Chávez! Lo aplicable al nuevo presidente de Estados Unidos es una selección de lo peor de los tres anteriores.
Hacer conjeturas sobre qué ocurrirá en 2017 es absurdo, lo mismo que hacerlo al comienzo de cualquier año. Por muchas suposiciones, estudios o derivadas que se practiquen, nunca se acertará porque todo es imprevisible. El Reino Unido realizará su Brexit, EEUU construirá un muro, el paro bajará en España, se le meterá mano de una vez a la guerra de Siria… Imaginemos que todo se produce y pensemos en las consecuencias: el euro se desploma y desaparece (como leí que augura un gurú yankee); el muro solo sirve para gastar cemento porque los mejicanos siguen pasando a paladas y Trump se cabrea por hacer el ridículo y corta relaciones con su vecino; en España baja el paro pero no es suficiente porque los cotizantes bajan, se le mete mano a la guerra de Siria pero eso supone que USA y Rusia se mosquean entre ellos porque cada uno quiere hacerlo de una forma distinta… Total, que en diciembre tenemos montado un Belén en el planeta más complicado que en el que estamos ahora inmersos. Espero que sea mucho mejor de lo que lo pinto, pero mejor no pensarlo, ni para bien ni para mal. Además, no podemos influir en ninguna de estos casos.
En lo que sí podemos jugar a ser adivinos es en nuestra propia vida, aunque siempre dentro de un orden y aplicando un factor de incertidumbre relativamente alto, además de ponernos pocas pretensiones y, sobre todo, accesibles y con posibilidad (y ganas, muchas ganas) de cumplirlas. No me sirven deportes, aprendizaje de idiomas o dietas si no creemos firmemente en ellos. Los gimnasios, las academias y las clínicas se abarrotan en enero y se vacían antes de que llegue febrero. Pongámonos entonces retos que podamos conseguir y que nos cueste un esfuerzo aceptable y medible. Yo, por ejemplo, entre otros pequeños objetivos, me he propuesto escribir en este Blog al menos dos veces al mes, y este enero lo he conseguido (aunque este artículo no sirva de mucho). El año que viene, si consigo el desafío de este, intentaré publicar una vez por semana como hacía antes.

Barney era un tipo excepcional, increíble, porque no solo aceptaba retos imposible sino que era capaz de realizarlos. Pero recordemos, lo que veíamos a través de la pantalla era una serie de ficción (y en el caso de Barney, casi de ciencia-ficción).

Mucho ánimo para todos. Se puede conseguir, pero tan importante es creer en nuestras posibilidades como ser realistas de quiénes somos, dónde estamos y hasta donde podemos llegar.

Nos leemos en febrero. Y gracias por seguir ahí.



lunes, 2 de enero de 2017

Dos docenas de sinceridad

Las felicitaciones de los últimos diez días del año, así como durante los 2 primeros del siguiente, deberían estar reguladas por ley, exactamente igual que el Ayuntamiento de Madrid hace con el tráfico cuando se excede de ciertos niveles de polución. Si el número de felicitaciones tóxicas supera una cifra, el correo electrónico, las redes sociales y el móvil tendrían que bloquearse para impedir la entrada de más mierda.
Porque, seamos claros de una vez, el 100% de las felicitaciones prefabricadas que corren hoy por ahí son insultantes de puro prefabricadas, pastelonas, poco ingeniosas y falsas. Yo no sé en qué piensa la gente cuando cuelga vídeos llenos de paz, amor y buenos deseos en las redes o, ya en el colmo, enviártelos por mail o al móvil. ¿Por qué no los lanza también en junio? Bueno, y esa es otra, que los hay que los cuelgan durante todo el año y con cualquier excusa, pero de esos me ocuparé en otro artículo.
Y es que, en lo que se refiere a estas christmas de tres al cuarto, los tengo de todos los colores, con niño Jesús, Reyes Magos, con Belén, pastorcillos y ovejas, camellos, mula y buey. Y estas aún tienen un mínimo pase. Porque también me llegan felicitaciones ateas, que manda webos ya tamaña incongruencia. “En estas fechas señaladas…”; si eres ateo, la fecha señalada puede ser cualquier otra. Lo que ocurre es que somos animales de costumbres (muy animales) y, por no enfrentarnos a la realidad, mantenemos de mala manera apuntalado (que no vivo) el espíritu de la Navidad. Da pena, si no asco.

La tecnología nos permite hoy transmitir de forma masiva e instantánea felicitaciones de Navidad y año nuevo tan letales como el peor de los virus. Y lo peor es que no puedes hacer nada para protegerte.
Pero hoy no sólo hay reparto de mandobles a diestro y siniestro. Este año me he dado cuenta de que mi ira a veces resulta injusta en mis apreciaciones y acusaciones de falsedad universal en esto de las felicitaciones a granel. Lo cortés no quita lo valiente, que yo me pongo farruco cuando toca pero igualmente me la envaino y doy la cara cuando hay que hacerlo. Y es que este año, quizá en un inexplicable absceso de cordura, me he dado cuenta de que ha habido un puñado de personas que se ha molestado y ha empleado su tiempo libre en felicitarme estos días de corazón, ya fuera por correo, red social o Whats App (incluso por correo postal; la caña). Y lo ha hecho a través de un texto único, solamente para mí, sin aditivos ni colorantes, de tú a tú, porque quieren y porque les da la gana (y supongo que porque me aprecian un mínimo). He tardado en darme cuenta de que había personas al otro lado de mi ceguera que querían hacerme llegar un mensaje sincero de su parte, y ha sido en ese momento cuando he reconocido mi soberbia y he comenzado a contestar todas esas felicitaciones con la misma sinceridad y cariño con las que me han llegado. De todas formas, como seguro que he olvidado alguna, desde este blog quería gritar a los cuatro vientos que aún hay gente que se toma la molestia de hacer algo que les cuesta cierto esfuerzo por las personas a las que les tienen cierta estima, y en mi caso, me siento honrado en extremo por ser una de ellas.

Así que de esas infinitas felicitaciones me quedo con las dos docenas que he recibido sin fotos, sin estrellas, sin textos que dan grima, sin palabras desgastadas, sin deseos carentes ya de sentido, de fondo y de forma. Yo no deseo nunca feliz Navidad porque únicamente conozco a un 0,01% de gente que lo pase bien ese día, que lo pase bien sinceramente, sin engañar a los demás y sobre todo sin engañarse a sí mismos. Y para el año que comienza, únicamente deseo que se sobreviva, que el lector pueda sortearlo lo mejor posible, porque la vida hará con él lo que se salga del higo por mucho que yo desee lo que sea o él se proponga lo que se le pinte. Así que, espero que lo recorra sin apenas sufrir secuelas y que en 365 podamos comentarlo.