Fotografía: Atardecer en Serengeti

Fotografía: Atardecer en el Parque Nacional del Serengeti, Tanzania; © Fco. Javier Oliva, 2014



ESPACIO

UN ESPACIO PARA CONTAR LO QUE ME DA LA GANA


martes, 13 de septiembre de 2011

Dos no discuten si uno no quiere... y ese uno soy yo.


Dos no discuten si uno no quiere, y ese uno soy yo, pero qué difícil es soportar las acometidas de alguien que, por su santos cojones, quiere que su opinión, su punto de vista, impere sobre el tuyo. Y yo ahí, defendiéndome a base de explicaciones reductoras para tratar de no discutir.
―¿Por qué no haces tal cosa? ―me pregunta.
―Porque no me gusta.
―¿Por qué no? Si es maravilloso.
―No me gusta.
―¿Es que no te das cuenta de que… (tal y cual razón)?
Ésta última pregunta ya te hace quedar como un gilipollas, porque la otra persona SÍ se ha dado cuenta de las aparentes ventajas de su punto de vista, pero tú, ser obtuso y pequeño, insignificante, despreciable, inmundo… y gilipollas, no adviertes ni eso ni nada.
―No me doy cuenta y, además, no me gusta.
―Pues si no lo haces así, resulta más caro ―ataca.
―Nadie ha dicho que no lo sea ―me defiendo.
―Entonces, ¿por qué no lo haces?
(¡Joder!)
―Por que no me gusta.
Y de esta manera volvemos a hilar la conversación como una pescadilla que se muerde la cola hasta la puta locura, hasta hacer perder los estribos, hasta poner yo mismo en entredicho mis propios gustos, mis opiniones, mi condición de ser humano. Uno llega a plantearse si es que una vez he tenido un derrame cerebral del que no recuerdo nada y vivo sumergido en un mundo que ya no me entiende, un mundo que me queda grande, un mundo donde todos guardan el secreto de la carencia que me limita el entendimiento.
Al menos Forrest Gump no se enteraba de la misa la media. ¡Feliz!

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